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Full text of "Los hijos de la costa : zarzuela en tres actos y en verso"

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5  5  O  7 


EL  TEATRO. 


DE  OBRAS  DRAMÁTICAS  Y  LÍRICAS. 
LOS   HIJOS^DE   LA   COSTA, 

ZARZUELA  EN  TRES  ACTOS  T  EN  VERSO. 


MADRID: 

OFICINAS:  PEZ,  40,  2. 

1871. 


_ 


CATALOGO 


DE   LAS    OBRAS    DRAMÁTICAS    Y    LÍRICAS    DE    LA    GALERÍA 


Al  cabo  de  los  años  mil. 
Amor  de  antesala. 
Abelardo  y  Eloísa. 
Abnegación  y  nobleza. 
Angela. 

Afectos  ae  odio  y  amor  . 
Arcanos  del  alma. 
Amar  después  de  la  muerte. 
Al  mejor  eazador... 
Achaque  quieren  las  eos  as. 
Amor  es  sueño. 
A  caza  de  cuervos. 
A  caza  de  herencias. 
Amor,  poder  y  pelucas. 
Amar  por  señas. 
A  falta  de  pan.... 
Articulo  por  artículo. 
Aventaras  imperiales.     . 
Achaques  matrimoniales. 
Andarse  por  las  ramas. 
A  pan  y  agua. 
Al  África. 
Bonito  viaje. 

Boadicea,  drama  heroico. 
Batalla  de  reinas. 
Berta  la  flamenca. 
Barómetro  conyugal . 
Bienes  mal  adquiridos. 
Bien  vengas  mal  si  vienes  solo. 
Bondades  y  desventuras. 
Corregir  al  que  yerra. 
Cañizares  y  Guevara. 
Cosas  suyas. 
Calamidades. 
Como  dos  gotas  de  agua. 
Cuatro  agravios  y  ninguno. 
iComo  se  empeñe  un  marido! 
Con  razoa  y  sin  razón. 
Cómo  se  rompen  palabras. 
Conspirar  con  buena  suerte. 
Chismes,  parientes  y  amigos. 
Con  el  diablo  á  cuchilladas. 
Costumbres  políticas. 
Contrastes. 
Catilina.  - 

Carlos  IX  y  los  Hugonotes. 
Camioli. 
Candidito. 

Caprichos  del  corazón. 
Con  canas  v  polleando. 
Culpa  y  castigo. 
Crisis  matrimonial. 
Cristóbal  Colon.     " 
Corregir  al  que  yerra. 
Cleraentina. 

Con  la  música  á  otra  parte, 
uara  y  cruz. 

Pos  sobrinos  contra  un  tío. 
D.  Primo  Segundo  y  Quinto. 
Deudas  de  la  conciencia. 
Don  Sancho  el  Bravo. 
Pon  Bernardo  de  Cabrera. 
Dos  artistas. 
Diana  de  San  Román. 
v>.  Tomás. 

De  audaces  es  la  fortuna. 
Dos  hijos  sin  padre. 
Donde  ñipóos  se  niensa... 
J).  José.  Pope  y  Pepito. 
Dos  mirlos  blaucos. 
Deudas  de  la  honr 
De  la  mano  ala  boca. 
Doble  emboscada. 
El  amor  v  la  mode- 
lista loca! 


EL   TEATRO 


En  mangas  de  camisa. 

El  que  no  cae...  resbala. 

El  niño  perdido. 

El  querer  y  el  rascar... 

El  hombre  negro. 

El  fin  de  la  novela. 

El  filántropo. 

lil  hijo  de  tres  padres. 

El  último  vals  de  Weber. 

El  hongo  y  el  miriñaque. 

¡Es  una  malva! 

Echar  por  el  atajo. 

El  clavo  de  los  maridos. 

El  onceno  no  estorbar. 

El  anillo  del  Rey. 

El  caballero  feudal. 

¡Es  un  ángel! 
v  El  5  de  agosto. 

El  escondido  y  la  tapada. 

El  licenciado  Vidriera . 

¡En  crisis! 

El  Justicia  de  Aragón. 

El  Monarca  y  el  Judio. 

El  rico  y  el  pobre. 

El  beso  de  Judas. 

El  auna  del  Rey  García. 

El  afán  de  tener  novio. 

El  juicio  público. 

El  sitio  de  Sebastopol. 

El  todo  por  el  todo. 

El  gitano,  ó  el  hijo  de  las  Alpu 
jarras. 

El  que  las  da  las  toma. 

El  camino  de  presidio 

El  honor  y  el  dinero. 

El  payaso. 

Este  cuarto  se  alquila. 

Esposa  y  mártir. 

El  pan  de  cada  dia. 

El  mestizo. 

El  diablo  en  Amberes. 

El  ciego. 

El  protegido  de  las  nubes 

El  marqués  y  el  marquesito. 

El  reloj  dé  San  Plácido. 

El  bello  ideal. 

El  castigo  de  una  falla. 

El  estandarte  español  en  las  cos- 
tas africanas. 

El  conde  de  Montecristo. 

Elena,  ó  hermana  y  rival.  » 

Esperanza. 

El  grito  de  la  conciencia. 

¡El  autor!  ¡El  autor! 

El  enemigo  en  casa. 

El  último  pichón. 

El  literato  por  fuerza. 

El  alma  en  un  hilo. 

El  alcalde  de  Pedroñeras. 

Egoísmo  y  honradez. 

El  honor  de  la  familia. 

El  hijo  del  ahorcado. 

El  dinero. 

Kl  jorobado. 

El  Diablo. 

El  Arte  de  ser  feliz. 

El  que  no  la  corre  antes... 

El  loco  por  fuerza. 

El  soplo  del  diablo. 

El  pastelero  de  Paris. 

lüiror  parlamentario. 

Faltas  juveniles. 

Francisco  Pizarro. 

Fé  en  Dios. 

Gaspar.  Melchor  y  Baltasar,  ó  el 


ahijado  de  lodo  el  ni 
Genio  y  figura. 
Historia  china. 
Hacer  cuenta  sin  la  hi 
Herencia  de  lagrimas, 
Instintos  de  Alarcon. 
Indicios  vehementes 
Isabel  de  Médicis. 
Ilusiones  de  la  vida 
Imperfecciones. 
Intrigas  de  to<  ador. 
Ilusiones  de  la  vida 
Jaime  el  Barbudo. 
Juan  Sin  Tierra. 
Juan  sin  Pena. 
Jorge  el  artesano 
Juan  Diente. 
Los  nerviosos. 
Los  amantes  de  Chin 
Lo  mejor  de  los  dado 
Los  dos  sargentoi  es] 
Los  dos  inseparables 
La  pesadilla  de  un  es 
La  hija  del  rey  Reno 
Los  extremos." 
Los  dedos  huéspedes 
Los  éxtasis. 
La  posdata  de  una  cei 
La  mosquita  muerta 
La  hidrofobia. 
La  cuenta  del  zapatea 
Los  quid  pro  quos. 
La  Torre  de  Londres. 
Los  amantes  de  Teru 
La  verdad  en  el  espe 
La  banda  de  la  Condi 
La  esposa  de  Sancho  i 
La  boda  de  (Jucvedo. 
La  Creación  y  el  Diki 
La  gloria  del  arte. 
La  Gitanilla  de  Mad 
La  Madre  de  San  Feí 
Las  flores  df  Don  Jm 
Las  aparencias. 
Las  guerras  civiles. 
Lecciones  de  amor. 
Los  maridos. 
La  lápida  mortuoria 
La  bolsa  v  el  bol  sil  le 
La  libertad  deFloreí 
La  Archi.duquesita. 
La  escuela  de  los  am 
La  escuela  de  los  peí 
La  escala  del  poder. 
Las  cuatro  estacione: 
La  Providencia. s 
Les  tres  banqueros. 
Las  huérfanas  déla  C 
La  ninfa  Iris. 
La  dicha  en  el  bien  aj 
La  muier  del  pueblo 
Las  bodas  de  Camacl 
La  crnzdel  misterio 
Los  pobres  de  Madrii 
La  planta  exótica. 
Las  mujeres. 
La  unión  enAfrlca. 
Las  dos  Reinas. 
La  piedra  filosofal. 
La  corona  de  Castlla 
La  calle  de  la  Monter 
Los  pecados  de  los  pa< 
Los  infieles. 
I  os  moros  del    Riff. 


LOS  HIJOS  DE  Lk  COSTA 


OBRAS  DRAMÁTICAS 


DON  LUIS  MARIANO  DE  LARRA, 


El  amor  y  la  moda. 
El  toro  y  el  tigre. 
Un  embuste  y  una  boda. 
Todo  son  raptos. 
Pedro  el  marino. 
El  cuello  de  la  camisa. 
En  palacio  y  en  la  calle. 
Las  tres  noblezas. 
Quien  á  cuchillo  mata. 
Á  caza  de  cuervos. 
As  en  puerta. 
Los  dos  inseparables. 
Una  nube  de  verano.  (Tercera  edición.) 
Lanuza. 

Entre  todas  las  mujeres. 
Sapos  y  culebras. 
Una  Virgen  de  Murilio  (1). 
El  beso  de  Judas. 
Una  lágrima  y  un  beso. 
Juicios  de  Dios. 

La  flor  del  valle.  (Segunda  edición.) 
La  pluma  y  la  espada. 
Batalla  de  Reinas. 

El  amor  y  el  interés.  (Tercera  edición.) 
La  planta  exótica.  (Segunda  edición.) ' 
La  paloma  y  los  halcones. 
El  rey  del  mundo. 
La  perla  negra. 

La  oración  de  la  tarde.  (Sexta  edición.) 
Los  lazos  de  la  familia.  (Tercera  edi- 
ción.) 
Rico  de  amor. 


Barómetro  conyugal  (2). 

La  bolsa  y  el  bolsillo  (2). 

El  Marqués  y  el  Marqnesito. 

Los  infieles  (3).  (Segunda  edición.) 

La  agonía.  (Segunda  edición.) 

Flores  y  perlas.  (Tercera  edición.) 

Dios  sobre  todo. 

Las  hijas  de  Eva.  (Tercera  edición.) 

El  hombre  libre. 

La  primera  piedra. 

Estudio  del  natural. 

La  cosecha. 

La  conquista  de  Madrid.  (Segunda  edi- 
ción.) 

Cadenas  de  oro  (4). 

Una  revancha. 

La  ínsula  Barataría. 

Punto  y  aparte. 

En  brazos  de  la  muerte! 

¡Bienaventurados  los  que  lloran!  (Ter- 
cera edición.) 

El  bien  perdido. 

Oros,  copas,  espadas  y  bastos.  (Terce- 
ra edición.) 

Los  órganos  de  Móstoles. 

Los  infiernos  de  Madrid. 

El  ángel  de  la  muerte  - 

La  varita  de  virtudes. 

Los  misterios  del  Parnaso. 

El  Becerro  de  oro. 

Los  hijos  de  Adán. 

El  árbol  del  Paraíso. 

Los  hijos  de  la  costa. 


OBRAS  NO  DRAMÁTICAS. 


Tres  noches  de  amor  y  celos.  Novela  en  dos  tomos. 
La  gota  de  tinta.  (Segunda  edición.)  Novela  en  dos  tom< 
El  libro  de  las  mujeres.  Obra  traducida  en  un  tomo. 


(1)  En  colaboraron  con  D.  Luis  de  Eguilaz. 

(2)  ídem  con  P.  Ventura  de  la  Veg-a. 

(3)  Tdem  con  1).  Narciso  Serra. 

(4)  ídem  i'on  D.  Ramón  de  Navarrcle, 


LOS  HIJOS  DE  LA  COSTA, 


ZARZUELA  EN  TRES  ACTOS  Y  EN  VERSO, 


LETRA.      DI 


DON  LUIS  MARIANO  DE  LARRA, 


MÚSICA.    DK 


D.  MIGUEL  MARQUÉS. 


Representada  por  primera   vez  en  ex  Teatro   de  la    Zarzuela   el 
dia  10  de  Febrero  de  1871. 


MADRID. 

IMPRENTA    l)B   JOSÉ  RODRÍGUEZ,    CALVARIO,    18 


PKKSONAJRS.  ACTOMRS. 


NELLA Sta.  l).a  Pilar  Bernal. 

IS\BEL Sta.  Franco. 

ANDREA Sta.  Soldado. 

FERNANDO Sr.  Dalmau. 

CARLOS Sr.  Loitia. 

NASONI...., Sr.  Miró. 

EL  CAPITÁN Sr.  Crespo. 

UN  CENTINELA 

Soldados,  pescadores,  hombres,  mujeres  y  niños,  etc. 


La  escena  pasa  en  Sicilia,  durante  la  domina- 
ción francesa,   los  dias  últimos  de  Marzo  de 
1282. 


El  pensamiento  de  los  dos  primeros  actos  de  esta  zar- 
zuela está  tomado  de  una  obra  francesa. 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  podrá,  sin  su  '  per- 
miso, reimprimirla  ni  representarla  en  España  y  sus  posesiones 
de  Ultramar,  ni  en  los  paises  con  quienes  haya  celebrados  ó  se  ce- 
lebren en  adelante  tratados  internacionales'de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  las  Galerías  Dramáticas  y  Líricas  de  los 
Sres.  Gullon  é  Hidalgo,  son  los  exclusivos  encargados  del  cobro  de 
los  derechos  de  representación  y  de  la  venta  de  ejemplares. 

Queda  hecbo  el  depósito  que  marca  la  ley. 


ACTO   PRIMERO. 


La  aldea  de  Mascali  al  pie  del  Etna.  Á  la  izquierd  a 
del  espectador,  en  primer  término,  la  entrada  de 
una  hostería:  sobre  las  rocas  del  foro  del  mismo 
lado  un  magnífico  convento.  A  la  derecha  una  fuen- 
te rodeada  de  un  grupo  de  árboles  frondosos,  y  más 
lejos  el  camino  que  baja  de  la  montaña.  La  fuente 
es  verdadera  y  todas  las  montañas  y  rocas  prac- 
ticables. 


ESCENA  PRIMERA. 

ANDREA,    FERNANDO,    PESCADORES,    que   entran    en     escen 
con  el  arpón  en  la  mano  y  las  redes  al  hombro. 

MÚSICA. 

Pesc.  Cuando  el  sol  su  luz  asoma 

por  la  cima  del  volcan, 
pescadores  sicilianos, 

dejad  el  mar! 
Ya  la  noche  nuestra  amiga 
huye  al  ver  su  claridad, 
i  y  os  esperan  vuestros  hijos 

despiertos  ya! 


Colgad  las  redes 


669397 


—  2  — 

al  aire  libre; 
atad  las  barcas, 
salid  del  mar; 
Dios  cuida  de  ellas 
cuando  en  el  cielo 
sus  alas  tiende 
la  tempestad. 
Pekn.  ¿Hijos  libres  del  mar  de  Sicilia 

que  vivis  en  cobarde  inacción, 
ayudad  á  librar  á  la  patria 
de  la  extranjera  dominación! 
Pksc.  No  es  tiempo  aún.  (Con  misteüo.) 

Fk.rn.  (La  hora  sonó!) 

Disfrazad,  mientras  llega  el  momento, 
de  ser  libres  la  noble  ambición, 
y  ocultad  con  la  risa  en  los  labios 
la  lava  ardiente  del  corazón, 
P¿sc*  Amor  y  patria! 

Fkrn.  Patria  y  unión! 

Y  mientras  llega  el  dia 
de  vida  y  libertad, 
sólo  oigan  nuestros  dueños 
los  cánticos  del  mar. 

Todos.         «Pescadores  del  mar  de  Sicilia, 
«remad,  remad, 
«que  las  redes  están  en  las  aguas 
«tendidas  ya!» 

(Todos  se  van  por  distintos  lados. — Fernando  se 
queda  el  último,  y  al  dirigirse  á  la  izquierda,  se 
detiene  al  oir  la  voz  de  Andrea,  que  está  en  la 
puerta  de  la  hostería,.) 


ESCENA  11. 

ANDTVEA,  FERNANDO. 
HABLADO. 

And.        No  me  das  los  buenos  dias? 
Fern.      Dios  te  haga  feliz,  Andrea. 


—  3  - 

And.       Estás  hoy  contento? 

Fern.  Mucho! 

And.       Ha  sido  buena  la  pesca? 

Fern.       Yo  no  he  salido  esta  noche! 

And.  Pues  qué  es  lo  que  así  te  alegra 
haciéndote  hoy  ma's  tratable  • 
que  de  costumbre?  en  qué  piensas? 

Fern.      Pienso  en  mi  pobre  cabana 
hace  un  año  tan  desierta, 
y  que  hoy,  antes  de  una  hora, 
va  á  ser  para  mí  más  bella 
y  más  hermosa  que  todos 
los  palacios  de  la  tierra! 

And.        Van  á  traerte  un  tesoro?  (Con  ironía.) 

Fern.      ¿ignoras  que  abre  hoy  sus  puertas 
el  convento  á  las  novicias, 
para  que  á  sus  casas  vuelvan 
por  tres  dias,  y  en  el  mundo, 
que  han  abandonado,  puedan 
decidirse  á  hacer  sus  votos, 
ó  á  quedarse  aquí?  Si  entre  ellas 
está  mi  hermana  adoptiva, 
el  orgullo  de  la  aldea, 
mi  Nella  en  íin,  ¿por  qué  extrañas 
ver  hoy  mi  faz  tan  risueña? 

And.        Sigues  en  ella  pensando? 

Fe  un.      Si  pienso!... 

And.        (con  despecho.)  ¡Quién  lo  creyera! 

Fern.       Mi  madre  y  yo  no  dejamos 
ni  un  día  de  ir  á  la.  iglesia, 
para  pedir  á  la  Virgen 
que  á  nuestros  brazos  la  vuelva! 

Ano.        Poco  os  quería  si  ingrata, 
un  dia,  sin  daros  cuenta, 
puso  entre  ella  y  vuestro  afecto 
esos  muros  y  esas  rejas! 

Ff.kn.       Dios  se  lo  ordena  sin  duda! 

And.        No,  Fernando;  Dios  no  ordena 
á  una  muchacha  que  deje 
sumidos  en  la  tristfza 
y  el  abandono  á  los  pobres 
que  la  recogieron  huérfana! 


_  4  - 

Fué  una  ingrata! 
Fern.  No  lo  digas! 

And.  Oh!  (Con  desprecio.) 

Fern.  Cuando  en  mi  mano  sienta 

caer  temblando  la  suya; 
cuando  su  voz  dulce  y  tierna 
siempre  para  mí,  me  diga 
«hermano!  verte  me  alegra,» 
los  recuerdos  de  ese  año, 
mis  pesares  y  mis  penas, 
huirán  de  mí  como  huyen 
de  la  noche  las  tinieblas 
al  aparecer  la  aurora 
en  su  manto  de  oro  envuelta! 

Am>.  (Con  ironía  á  media  voz.) 

Qué  poético  está  el  día! 

Fern.      Por  qué  sonríes,  Andrea?... 

And.        ¿Y  cuentas  con  que  ella  al  verfc 
renuncie  ya  á  sus  ideas, 
y  en  vez  de  monja,  tu  esposa 
en  el  mismo  templo  sea? 

Fekn.       No;  que  viva  á  nuestro  lado; 
que  oiga  yo  al  izar  mi  vela, 
á  lo  lejos,  sus  canciones... 
y  ¿qué  más  quiero  en  la  tierra? 

Aínd.        Y  serás  rico  con  eso? 

tu  ambición  es  bien  pequeña! 

Fern.      Con  estos  brazos  robustos, 
con  salud,  con  el  mar  cerca, 
con  alegría  en  el  alma, 
me  importa  á  mí  la  riqueza 
menos  que  le  importa  al  mar 
la  ardiente  lava  del  Etna! 

And.        Á  tu  gusto!  los  ducados 

y  una  mujer  que  no  es  fea... 
no  asustan  á  todo  el  mundo! 

Fkrn.       Mejor  para  tí! 

And.  Y  si  llegan 

los  comisarios  de  Francia, 
y  al  ir  cobrando  las  rentas 
tú  no  puedes  dar  tu  parte; 
si  sin  cabana  te  quedas, 


¿qué  te   importa?  Tú  los  pagas 

con  una  canción  de  Nella! 

Puede  que  no  tengan  cambio 

si  es  tan  rara  la  moneda!  (Con  ironía ) 
Fern.      Mal  la  quieres!... 
And.  Vé  á  vestirte; 

ponte  tu  traje  de  fiesta, 

que  ya  van  á  tocar  pronto 

y  la  novicia  te  espera! 
Fern.       Lo  haré  así! 
And.  No  pierdas  tiempo! 

Fern.       Vendré  per  tí  si  te  empeñas! 
and.        Gracias;  no  quiero  apreturas 

más  que  en  mi  hostería. 
Fern.  Tenias; 

que  allí  vienen  viajeros, 

y  Nasoni  les  enseña 

el  camino.  . 

(Aparecen  en  lo  alto  de  la  montaña  y  bajan  por  ella 
Isabel,   Fernando    y  el  Capitán,  guiados  por  Nasoni.) 

And.  Pues  mi  humor 

es  hermoso! 
Fern.  Tengo  idea 

de  que  á  ese  no  le  asustan 

los  ducados  ni  la  bella! 
And.        Buenos  dias!  (Con  enojo.) 
Fern.  Siempre  amigos! 

And.        Amigos!...  que  te  diviertas!... 
Fern-       Menos  que  tú,  que  eres  rica!  (sonriendo) 

(Con  gravedad.) 

más  que  tú...  que  no  eres  buena! 

(Fernando  se  va  por  la  izquierda  mientras  sale  por 
la  derecha  simultáneamente  Nasoni.  Los  demás  han 
desaparecido  tras  la  falda  de  la  montaña.) 

ESCENA  III. 

ANDREA,  NASONI. 


Nasoni.    Andrea,  tres  viajeros 

muy  ricos,  según  las  señas, 
te  traigo!  Los  he  servido" 


—  6  -~ 

de  Cicerone  en  el  Etna... 
And.        Bueno...  vete...  (Distraída.) 

NaSÜNI.     (Con  misterio.)  Ya  tú  Ves... 

que  aunque  desdeñosa  seas, 

siempre  procuro  agradarte... 
And.        Bien,  gracias!... 
Naso.m.  (¡Es  fuerte  tema! 

Ella  que  no  ha  de  quererme, 

yo  empeñado  que  me  quiera!... 

dad  margaritas  á  puercos 

veréis  como  las  desprecian!) 

ESCENA   IV- 

ANDKEA,  NASONI,  el  CAPITÁN  por  la  derecha. 

Cap.        Á  ver!  patrona...  un  almuerzo 

suculento!...  cosa  régi :! 
A  M>.        Seréis  servido! 
Caí-.  Que  somos 

tres  bocas! 
And.  Muy  bien! 

Cap.  Y  hambrientas! 

NaS0.N1.      (Ap.  á  Andrea.) 

(Ya  verás  cómo  te  ayudo!... 

Yo  freiré  la  manteca... 

Yo  te  soplaré  la  lumbre... 
And.        Gracias,  vete...) 
Naso.m.  (Ni  por  esas! 

Oh!  estupidez  de  los  machos! 

oh!  ingratitud  de  las  hembras!) 

(Andrea  entra  en  la  casa.  Nasoni  se  va  detrás  de  ella  : 
el  Capitán  se  dirige  á  la  derecha  para  recibir  á  Isabel 
y  D.  Carlos,  que  entran  por  dicho  sitio.) 

ESCENA  V. 

ISABEL,  D.  CARLOS,  el  CAPITÁN. 

Isabel.     Hacedme  justicia  entrambos. 
¿No  ha  sido  buena  mi  idea 
de  venir  á  visitar   » 


el  volcan? 
Cap.  Olí...  sí...  muy  buena. 

Isabel.     No  os  lia  gustado? 
Cap.  Á  mí  mucho? 

Es  una  cosa  estupenda! 

Un  agujero  muy  grande 

sobre  una  montaña  inmensa, 

por  donde  no  se  ve  nada; 

se  vuelve  á  bajar  la  cuesta 

y  ya  se  ha  visto  el  volcan... 

hay  pocas  cosas  como  ella! 
Isabel.     ¡Qué  espectáculo! 
Cap.  Terrible! 

voy  á  que  pongan  la  mesa; 

después  de  esas  emociones 

se  desmaya  quien  no  almuerza! 
Isabel.     Qué  tenéis,  Carlos? 
Carlos.  Yo...  nada! 

(Saliendo  de  su  distracción.) 

Isabel.     Preguntad  k  la  hostelera  (ai  Capitán.) 

lo  que  os  dije. 
Cap.  Y  almorzamos 

en  seguida? 
Isabel.  Sí. 

(El  Capitán  saluda  y  entra  en  la  hostería.) 
G\RL0S.    (Mirando  á  la  fuente.)  (Aqilí  era!) 

ESCENA  VI. 

ISABEL,    CARLOS. 

Isabel.     Carlos!  (Pausa.)  Qué!  No  me  escucháis? 

Carlos.  Ah!  perdonadme,  Isabel. 

Isabel.     ¡Qué  distracción  tan  cruel! 

Carlos.  Ya  os  escucho! 

Isabel.  En  qué  pensáis? 

Carlos.  En  nada  por  vida  mia. 

El  paisaje  contemplaba, 

y  al  verle,  vagar  dejaba 

á  mi  loca  fantasía. 
Isabel.     Justo  es  que  sueños  dejemos, 

aunque  en  ellos  sois  tan  ducho;: 


.      _  8  — 

que,  ó  yo  me  equivoco  mucho, 

ó  es  ya  tiempo  de  que  hablemos. 

Un  año  lejos  de  mí 

triste  Ñapóles  os  vio, 

y  eu  ese  año  acerté  yo 

lo  que  os  alejó  de  aquí. 
Carlos.  Ah!  si  lo  habéis  acertado!... 
Isabel.     ¿Qué  puede  haber  en  la  vida 

que  nos  la  haga  aborrecida 

si  no  un  amor  desgraciado? 
Caklos.  Qué  locura! 
Isabel.  Lo  es  mayor 

empeñarse  en  ocultar 

lo  que  nos  puede  llevar 

á  una  situación  peor. 

Aunque  por  razón  de  estado 

tratada  está  nuestra  boda, 

mal  mi  alma  se  acomoda 

á  un  casamiento  obligado. 

Ni  es  tan  poco  mi  valer, 

que  se  cifre  mi  ambición 

en  lograr  un  corazón 

donde  viva  otra  mujer. 

Lo  pasado  os  pertenece; 

á  lo  presente  no  toco; 

de  lo  futuro  hablo  un  poco, 

y  con  razón  me  parece, 

que  aunque  es  el  amor  muy  diestro 
J¿  y  yo  en  mí  misma  confio, 

¿cómo  os  he  de  llamar  mió 

si  vos  mismo  no  sois  vuestro? 

Festejos,  bailes  y  danzas 

mi  tio  hoy  mismo  dispone, 

y  en  mi  casamiento  pone 

halagüeñas  esperanzas. 

Mas  yo,  que  empiezo  á  vivir 

y  tengo  más  que  esperar, 

no  las  quiero  colocar 

donde  se  puedan  morir. 

Ved  si  es  grave  la  ocasión 

que  á  darme  temor  empieza, 

y  responded  con  franqueza 


-  9  — j 

á  mi  franca  petición, 

que  ó  yo  no  me  he  de  casar 

mientras  os  mire  sin  calma, 

ó  habréis  vos  de  darme  el  alma 

al  darme  el  sí  en  el  altar. 
Carlos.  Gobernador  vuestro  tio 

de  Mascali  y  de  Mesina, 

nuestra  boda  determina 

á  vuestro  gusto  y  al  mió; 

la  razón  de  Estado  es  ley 

que  á  los  nobles  no  perdona; 

sois  sobrina  de  un  Colona, 

yo  soy  hijo  del  virey, 

y  más  que  unión  de  familia 
{  nuestra  boda  concertada, 

es  una  tregua  firmada 

por  la  Francia  y  la  Sicilia. 

Política  es  nuestra  unión 

y  á  ella  mi  voz  os  exhorta... 

al  Estado  ¿qué  le  importa 

nuestro  pobre  corazón? 
Isabel.     Luego  no  me  amáis? 
Carlos.  Yo  ignoro 

lo  que  entendéis  por  amor: 

juzgo  sí  como  un  honor 

Ser  dueño  de  tal  tesoro.  (Lo  besa  la  mano.) 

Isabel.  Nunca  amasteis? 
Carlos.  Puede  ser! 

ísabei..  Es  por  Dios  bien  singular! 

Carlos.  ¿Qué  entendéis  vos  por  amar? 

Isabel.  No  me  vais  á  comprender! 


MÚSICA. 

Isabel.        No  vivir  sino  soñando; 
padecer  y  suspirar; 
dar  la  vida  á  una  palabra, 
sentir  celos  y  llorar. 
Eso  es  tener  esclava 
la  voluntad; 
eso  es  sentir! 


-  10  - 
eso  es  amar! 

Garlos.       No  tener  ni  una  esperanza 
con  que  el  alma  sueñe  ya! 
esconder  dentro  del  pecho 
un  recuerdo  pertinaz. 
Eso  es  haber  perdido 

la  voluntad! 

Eso  es  sentir! 

Eso  es  amar! 

Isabel.        Si  vos  habéis  amado 
un  tiempo  así! 
Si  lo  que  ese  alma  esconde 
no  es  para  mí! 
hablad!  hablad! 
antes  de  que  mintamos 
en  el  altar! 
Caklos       Si  vos  habéis  amado 
como  decís 
y  lo  que. el  alma  esconde 
es  para  mí, 
dejad,  dejad 
que  pierda  en  vuestros  brazos 
mi  libertad. 
Isabel.  Lo  que  decís 

no  puede  ser, 
que  es  engañar 
á  la  mujer; 
mirar  en  el  altar 
la  imagen  de  otro  ser. 
Cábeos.  Si  mia  al  fin 

habéis  de  ser, 
sabré  cumplir 
con  mi  deber 
borrando  en  el  altar 
la  imagen  de  otro  ser. 


- 11  - 


ESCENA  Vil. 


ISABEL,  CARLOS,  el  CAPITÁN,  por  la  hostería. 
HABLADO. 

Cap.        Excelencia,  está  el  almuerzo 
preparado  y  prevenido. 

GARLOS.     VamOS.   (Ofreciendo  la  mano  á  Isabel.) 

Isabel.  Pero  esa  persona!... 

Gap.        La  podréis  ver  á  las  cinco, 

hora  en  que  se  abre  el  convento. 
Carlos.   Esperáis  á  alguien? 
Gap.  Repito 

que  el  almuerzo... 
Isabel.  Sí,  á  una  joven 

de  esta  aldea.  No  os  he  dicho 

nada,  porque  es  una  historia 

que  sólo  tiene  principio 

y  que  continuar  espero 

y  darla  fin  aquí  mismo. 
Garlos.    Contadla  si  eso  os  agrada.  (Con  indiferencia.) 
Isabel.    Há  tres  meses  que  vinimos 

mi  lio  y  yo  á  visitar 

ese  convento  vecino 

de  la  Anunciata.  Era  sábado 

y  estaban  dando  principio 

á  la  salve  las  novicias. 

De  entre  aquel  coro  escogido 

de  voces,  sobresalía 

una  de  uíftimbre  purísimo, 

tan  dulce  y  apasionada, 

de  tal  magia  y  tal  estilo, 

que  al  escucharla,  mis  lágrimas 

corrieron  sin  advertirlo. 

Su  rostro,  aun  visto  entre  rejas, 

era  compañero  digno 

de  la  voz,  y  sus  miradas 

daban  de  un  pesar  indicios, 

de  esos  que  en  el  alma  tienen 

un  impenetrable  asilo. 


-  12 


Su  sencillez,  su  hermosura 
me  cautivaron:  la  he  visto 
varias  veces,  y  una  tarde 
en  que  mi  pecho  intranquilo 
estaba  por  vuestra  ausencia... 
(vuestro  nombre  no  la  he  dicho.] 
a  Yo  rezaré  porque  él  vuelva 
»á  haceros  dichosa»  dijo: 
y  aquella  noche  volvisteis; 
ved  si  merece  cariño 
la  que  con  Dios  puede  tanto 
que  dio  á  mis  penas  alivio. 
Qué?  no  os  agrada  mi  historia? 


Carlos. 

Mucho!  (Con  indiferencia.) 

Isabel. 

Ayer  tarde  he  sabido 

que  hoy  sale  del  monasterio 

por  tres  dias;  plazo  íijo 

* 

que  dan  siempre  á  las  novicias 

para  volver  al  bullicio 

del  mundo,  y  determinarse 

á  hacer  los  votos  purísimos, 

ó  á  renunciar  á  ser  santas 

esposas  de  Jesucristo. 

Prometí  volver  á  verla 

á  su  más  pequeño  aviso, 

y  sólo  con  ese  objeto 

al  volcan  os  he  traído. 

Carlos. 

¿Y  es  de  esta  aldea  esa  joven 

(Con  fingida  indiferencia.) 

que  excita  vuestro  cariño? 

Isabel. 

Nació  en  alta  mar... 

Carlos. 

(Con  interés.)                  Y  CÓmO 

se  llama? 

Isabel. 

Nella! 

Carlos. 

(Turbándose.)         (DÍOS  mío! 

serenidad...  era  ella! 

Por  qué  se  habrán  conocido?) 

Isabel. 

Parece  que  os  preocupa 

sin  razón,  cuanto  os  he  dicho! 

Carlos. 

(con  rapidez.)  Isabel,  es  necesario 

que  volvamos  al  castillo... 

Isabel, 

Sin  verla! 

—  ÍZ  - 

Cap.  Sin  almorzar! 

Carlos.   Impaciente  vuestro  tio 

debe  estar  por  vuestra  vuelta; 

todos  son  aquí  enemigos, 

y  si  alguno  nos  conoce... 
Isabel.  Nunca  temer  os  he  visto! 
Carlos.   Ni  nunca  temí,  señora; 

mas  perdonadme,  es  preciso 

que  yo  parta... 
Isabel,     (con  despecho.)  Decid  claro 

que  es  para  vos  un  martirio 

estar  conmigo  más  tiempo! 
Carlos.   No  tal,  pero  el  deber  mió 

me  llama  á  Mesina... 
Isabel.  Os  llama 

el  pesar  de  haber  venido. 
Carlos.   Si  así  lo  tomáis... 
Isabel.  ¿Y  cómo 

lo  he  de  tomar? 
Carlos.  Me  retiro. 

Isabel.     Os  vais?... 
Carlos.  Os  quedáis? 

Isabel.  Me  quedo! 

Carlos.   Adiós,  señora! 
Isabel.  (¡Qué  inicuo 

proceder!) 
Carlos.    (Llamando.)  Á  ver!  cualquiera! 
Isabel.     (Oh!!) 
Cap.  (Dejadle;  vuestro  tio 

á  mí  os  confia!) 
Carlos.  Eh!  el  imbécil 

que  hasta  aquí  nos  ha  traído! 

NaSONI.      YO  SOy,  señor!  (Sale  de  la  hostería.) 

ESCENA  VIII. 


ISABEL,  CARLOS,    el  GAPITAN,  NASONI. 


Carlos.  El  caballo! 

Nasoni.  Está  bajo  el  cobertizo. 

Carlos.  Adiós! 
Isabel.  Y  me  dejais  sola! 


-14  - 

darlos.  No  queréis  volver  conmigo! 
Isabel.     (Todo  inútil!)  Buen  viaje! 
Carlos.    Adiós! 
Isabel.  (Ah!  corazón  mió 

¿por  qué  no  sabes  pagar 

sns  desdenes  con  tu  olvido?) 
(Jarlos.    (Es  preciso  que  yo  vuelva!) 
Cap.        (Tiene  el  corazón  de  risco!) 
Carlos.  En  marcha,  animal.  (Á  Nasoni.) 
Nasoni.  En  marcha! 

(Este  ya  me  ha  conocido.) 

(Vánse  rápidamente  por  la  izquierda  Carlos  y  Nasoni.) 

ESCENA  IX. 

ISABEL,  el  CAPITÁN. 

Isabel.     Vos  tenéis  la  culpa... 
Cap.  Yo! 

Isabel.     Si  hubiera  estado  servido 

el  almuerzo! 
Cap.  Hace  una  hora 

que  está  ya  dispuesto  y  frió! 
Isabel.     Por  qué  no  habéis  avisado? 
Cap.        Hace  tiempo  que  os  lo  he  dicho. 
Isabel.     (Seguir  así  es  imposible!) 

CAP.  Señora!  (Queriendo  consolarla  ) 

Isabel.  Venid  conmigo! 

(Entran  en  la  hostería.  Se  llena  el  escenario  de  Pes- 
cadores y  gentes  del  pueblo;  las  campanas  del  conven- 
to tocan.  Nella  sale  de  él  con  otras  novicias  con  tra- 
jes del  país,  y  las  gentes  que  han  subido  á  la  monta 
ña  la  abrazan.  Fernando  la  coge  de  la  mano  y  boj 
con  ella  al  proscenio.  Cuadro  de  animación  y  alegriV 


ESCENA  X. 

NELLA,  ANDREA,  FERNANDO,  PESCADORES  y    PUEBLO. 
MÚSICA. 

Pesc.s.  Es  ellaf  ya  viene, 


—  #>  -s- 

la  aldea  á  alegrar! 
Es  Nella!  la  hermosa, 
la  perla  del  marí 

Ph:sc.as  Mis  brazos  la  aguardan. 

Otras.  Los  míos  también! 

Todos.  Que  guie  sus  pasos 

el  ángel  del  bien! 

Nella.  Benditos  todos 

los  que  en  mi  alma 
tan  grata  calma 
derramáis  hoy; 
la  santa  Virgen 
desde  su  gloria 
por  mí  os  envia 
su  bendición. 

Fehn.  (Es  la  que  adora 

mi  pecho  amante, 
la  que  constante 
me  escuchara'!) 

Todos.  Es  la  alegría 

de  nuestro  cielo, 
la  que  este  suelo 
no  dejará. 

Nki  la.  Ausente  de  esta  orilla, 

distante  de  esta  arena, 
lloré  mi  triste  pena, 
sentí  vuestro  dolor. 
Bellas  risueñas  playas 
que  recorrí  gozosa, 
hoy  torno  venturosa 
de  nuevo  á  nuestro  amor! 

Todos.  Bellas  risueñas  playas 

que  recorrió  gozosa, 
hoy  vuelve  venturosa 
de  auevo  á  nuestro  amor! 

Xeli  a.  Si  vuestras  almas 

caritativas 
fueron  amparo 
de  mi  niñez, 
para  pagaros 
tanta  ventura 
á  vuestros  brazos 


d6 


Todos. 


torno  otra  vez! 
Gracias  al  cielo 
que  cariñosa 
á  nuestros  brazos 
torna  otra  vez. 


HABLADO. 


Fern. 

PESC.a 

And. 


Pesc3 


And. 


Pesc* 


Nella,  mi  vida,  mi  hermana! 

(Ay,  yo  creí  que  saldrian  (ap.  á  Andrea.) 

vestidas  todas  de  monjas.) 

(Las  guardan  para  este  di  a 

el  traje  con  que  al  convento 

llegaron.) 

(Se  abrazan  Nella  y    Fernando.) 

(Ay,  mira!  mira 
cómo  se  abrazan!) 

(Señalando  á  Nella  y  Fernando.) 

(Imbécil! 
á  mí  qué  me  importa?) 

(Apartándola  de  su  lado.) 

Hija, 
si  no  importándote  pegas, 
importándote  qué  barias? 


Fern. 

Mi  madre  te  espera,  vamos...  (Á  Nella. 

Todos. 

Viva,  Nella! 

Todos. 

Viva!  viva! 

ESCENA  XI. 

DICHOS,  ISABEL,  por  la  hostería. 

Isabel. 

Un  momento! 

Fern. 

Quién!    . 

Nella. 

Señora... 

(Corriendo  á  ella.) 

vos  aquí... 

Fern. 

Dios  de  justicia! 

(Conociendo  á  Isabel  y  retrocediendo.) 

Pescs. 

Quién  es!  (Á  Fernando.) 

Pesc.88 

La  conoces9 

Fern. 

(Es 

-  17 


de  Osear  Golona  sobrina.  ) 
Pescs.      (Del  traidor!) 
Fern.  (Del  que  á  la  Francia 

tiene  su  patria  vendida.) 
Pesc.       (Del  sicario  del  virey!) 
Isabel.     Que  viniera  no  querías?  (Á  Neik  ) 
Fern.      (Qué  busca  aquí  esta  mujer?) 
Neli.a.     Gracias,  bienhechora  mía!  (Á  Isabel ) 
Fern.      Nella,  la  dama  á  quien  hablas 

es  de  tu  patria  enemiga. 
Isabel.     Me  juzgas  mal;  en  mis  venas 

corre  sangre  de  Sicilia. 
Fern.      Colona  al  francés  la  vende! 
Isabel.     Yo  en  cambio  sus  injusticias 

sé  llorar,  y  doy  amparo 

y  consuelo  á  las  familias 

de  los  que  Francia  condena 

y  de  los  que  Italia  olvida! 
Fern.      Idos  de  aquí:  yo  no  puedo 

compraros  sus  simpatías, 

y  en  sus  ojos  se  refleja 

todo  el  odio  con  que  os  miran! 
Nella.     A  la  pobre  pescadora 

viene  á  ver  la  dama  altiva. 

¡Malhaya  el  que  á  una  mujer 

amenaza  ó  intimida!... 

Déjanos!...  (Á  Fernando.) 

Fern.      (Sorprendido.)  Ah!  tú  lo  quieres? 

Isabel.     Idos...   (Mi  labio  os  afirma  (ap.  ¿Femando. 

que  haré  todo  cnanto  pueda 

porque  no  entierre  su  vida 
otra  vez  en  el  convento!) 
Fern.       (Si  lo  hacéis,  Dios  os  bendiga!) 

(Á  los  pescadores  llevándoselos  por  fuerza.  ) 

Vamos!...  ¿qué  culpa  tiene  ella 

del  baldón  de  su  familia? 
Pescs.      (Es  Colona!) 
Fern.  (Es  siciliana!) 

Pescs.      (La  defiendes?) 
Fern.  (Que  no  digan 

que  á  mujeres  indefensas 

los  de  Mascali  asesinan...) 


-  18  — 

And.        (Extraña  amistad  por  cierto!) 

(Entrando  en  la  hostería.) 

Fern.      (Incomprensible  entrevista.) 

(Yéndose  por  el  foro  con  todos.) 

ESCENA  XII. 

NELLA,    ISABEL. 

Isabel.     Nella  mia!...  (Abrazándola.) 
Nella,  Y  vos,  señora, 

también  en  mí  habéis  pensado! 
Isabel.     Y  el  júbilo  he  contemplado 

de  esa  gente  que  te  adora! 
Nella.     Si  á  las  playas  de  Sicilia 

náufraga  el  mar  me  arrojó 

niña  y  sola,  Dios  me  dio 

en  todos  nueva  familia; 

y  al  mirarlos  hoy  correr, 

y  al  ver  que  me  sonreían, 

y  sus  brazos  me  tendían 

con  cariñoso  placer, 

he  sentido  una  emoción 

tan  difícil  de  pintar... 

que  ardo  en  ganas  de  llorar...  (conmovida.} 
Isabel.     Si  es  bueno  tu  corazón, 

por  qué  pagas  hoy  con  llanto 

su  generosa  alegría? 
Nella.     Menos  ingrata  seria 

si  no  me  quisieran  tanto! 

Pero  ya  no  lloro  más; 

feliz  en  sus  brazos  soy, 

y  estos  tres  días  les  doy 

que  no  han  de  volver  jamás. 

Entre  ellos  recordaré 

mi  libertad  ya  perdida: 

podré  compartir  su  vida 

que  por  el  claustro  dejé, 

y  ser  dichosa  y  gozar 

con  embriagador  anhelo, 

de  mi  hacienda,  que  es  el  cielo! 

de  mí  patria,  que  es  e]  mar! 


_  49  — 

Isabel.     Habíame  como  á  una  hermana; 

¿por  qué  dejaste  Ja  aldea 

y  el  mundo  que  te  rodea? 

Por  qué  los  dejas  mañana? 

Por  qué  tan  bella  y  querida, 

vas,  ingrata  á  su  contento, 

á  encerrar  en  un  convento 

tu  juventud  y  tu  vida? 

¿Por  qué  huíste  de  Fernando, 

ese  pobre  pescador 

que  no  vive  sin  tu  amor? 

¿No  le  quieres? — desde  cuándo? 
Nella.     Si  por  ahorrarle  un  pesar 

mi  vida  precisa  fuera, 

no  lo  dudéis,  yo  le  diera 

mi  vida  sin  vacilar. 
Isabel.  Pero  no  tu  corazón! 
Nella.     Ese  manda  en  nuestro  ser, 

y  no  sabe  obedecer 

¡í  la  voz  de  la  razón. 
Isabel.     Entonces  miente  la  calma 

que  quieres  dar  á  tu  acento, 

y  hay  un  pesar  violento 

en  el  fondo  de  tu  alma. 

No  es  verdad?  ¿digna  no  soy 

de  compartirle  contigo? 
Nella.     Era  hasta  hoy  mi  único  amigo... 

mucho  os  quiero  si  os  le  doy.  (Pausa.) 

(Música  sin  canto  que  la  acompaña.) 

En  esa  fuente  que  gota  á  gota 
las  flores  riega  por  donde  brota, 
y  en  cuyas  peñas  se  estrella  humilde 
la  blanca  espuma  que  riza  el  mar, 
yo,  sola  y  libre,  sin  más  pesares 
que  los  fingidos  en  mis  cantares, 
bajo  su  sombra  me  guarecía 
del  sol  del  cielo  canicular. 
Ahí,  al  murmullo  de  mis  canciones, 
se  desperlaban  mis  ilusiones 
y  los  dorados  dulces  ensueños 
que  guarda  el  alma  con  tanto  afán, 
como  despiertan  ¡sobresaltadas 


—  20  — 

aves  que  pueblan  las  enramadas, 
al  primer  grito  de  los  halcones, 
al  primer  soplo  del  huracán! 

Ahí  estaba  una  noche, 

cuando  á  mi  oido 
llegó  un  mágico  acento 
desconocido, 
que  me  decía: 
«Nella,  mi  pecho  amante 

por  tí  suspira.» 
Volví  al  punto  los  ojos, 

y  entre  los  árboles 
divisé  á  un  extranjero 
fijo  mirándome, 
de  negros  ojos, 
de  mirada  expresiva, 

de  altivo  rostro. 
Me  levanté  creyendo 

ser  de  mi  mente 
fascinación  mentida, 
ilusión  breve; 
al  otro  dia, 
fijo  en  el  mismo  sitio 

me  sonreía. 
Oh!  desde  aquel  instante 

ni  un  paso  daba 

sin  escuchar  el  ruido 

de  sus  palabras; 

por  todas  partes, 

por  donde  iban  mis  plantas, 

iban  sus  frases! 
Yo  no  amaba  á  Fernando, 

yo  no  quería 
dar  á  quien  yo  no  amaba 
mi  alma  y  mi  vida! 
Era  forzoso 
no  ocultar  por  más  tiempo 
mi  amor  á  todos. 

La  vez  postrera  que  en  mi  camino 
de  sus  amores  á  hablarme  vino, 


—  21  — 

yo,  al  caballero,  con  la  mirada, 

la  santa  iglesia  le  señalé. 

«Si  es  tu  amor  santo,  le  dije,  y  puro, 

«ser  solo  tuya  por  siempre  juro; 

«allí  Dios  oye  los  juramentos; 

»allí  los  tuyos  escucharé.» 

Quedó  á  mis  frases  helado  y  mudo; 

hablarme  quiso  y  hablar  no  pudo; 

y  yo  sintiendo  dentro  del  pecho 

morir  el  alma  que  le  rendí, 

de  oscuras  sombras  entre  el  misterio 

llamé  á  la  puerta  del  monasterio; 

y  sorda  al  ruido  de  sus  palabras 

la  santa  puerta  cerré  tras  mí! 


música. 

ROMANZA. 

I. 

Allí  un  año  entero 
enferma  de  amor, 
no  pude  con  preces 
ahogar  mi  dolor; 
de  dia  y  de  noche 
trastornan  mi  ser 
los  mal  apagados 
recuerdos  de  ayer. 
Pues  aun  de  su  alma 
la  mia  va  en  pos, 
no  pudiendo  ser  suya 
juré  ser  de  Dios! 

II. 

Si  amante  y  rendido 
el  hombre  que  amé, 
reclama  algún  dia 
mi  amor  y  mi  fe; 
si  busca  en  mis  ojos 
amante  raudal 
y  lágrimas  vierte 


-  22  - 

al  pie  del  altar, 
tarde  de  mi  alma 
la  suya  irá  en  pos... 
que  para  no  ser  suya 
seré  ya  de  Dios! 


ESCENA  XIII. 

ISABEL,  NELLA,  el  CAPITÁN,  por  la  hostería. 
HABLADO. 

Cap.        Hizo  mal  en  retirarse 

sin  almorzar,  y  yo  siento 
que  vos  no  hayáis  compartido 
conmigo  tan  digno  almuerzo.  (Á  Isabel.) 

Isabel.     Mirad  si  para  la  vuelta 
está  ya  todo  dispuesto. 

Cap.        Hola!  un  guia!  los  caballos! 

(Á  gritos,  entra  en  la  hostería.) 

Isabel.     Nella! 
Nella.  Señora! 

Isabel,  Te  dejo; 

no  exijo  que  me  acompañes-, 

por  tu  triste  historia  veo 

que  de  renunciar  al  mundo 

inflexible  es  tu  proyecto! 

Pero  júrame  ahora  mismo 

que  antes  de  tomar  el  velo, 

á  mi  casa  á  despedirte 

de  mí  vendrás! 
Nella.  Lo  prometo! 

(Fernando  aparece  por  el  foro.) 
ISABEL.       AdiOS!  (Abrazándola.) 

N.ELLA.  AdiOS!   (Besándola  la  mano  con  respeto. 

ISABEL.       (Mirando  á  Fernando.)  (¡Pobre  mOZO! 

no  aumentes  su  desconsuelo, 
acuérdate  de  que  sufre, 
y  no  olvides  que  te  espero.) 
Capitán! 


-  23  - 


Cap. 

(saliendo  de  la  hostería.)  Á  vuestras  órdenes! 

Nella. 

Con  alma  y  vida  agradezco 

tantas  bondades! 

Isabel. 

Vendrás? 

Neli.a. 

Iré! 

Isabel. 

Adiós!  (Á  Fernando.) 

Fern. 

(con  acento  sombrío.)  Guárdeos  el  cielo! 

(Se  van  por  la  falda  de  la  montaña.) 

ESCENA  XIV. 

NELLA,  FERNANDO,  después  ANDREA. 

Fern.      ¡Gracias  á  Dios!  todo  el  mundo 
tiene  en  escucharte  empeño! 
hasta  las  grandes  señoras! 

Nella.     Y  por  qué  me  dices  eso? 

Fern.      Conoces  á  esa  mujer? 

Neli.a.     Sí;  la  conozco  hace  tiempo... 

Fern.      Sabes  que  tiene  en  su  venas 
sangre  del  hombre  perverso 
que  sirve  al  francés  tirano 
en  Mesina  y  en  Palermo? 
sabes  qué  es  Colona? 

Neli.a.  Sólo 

sé  que  es  mujer;  que  la  debo 
mucho  cariño... 

Fern.  Aconséjala 

que  no  pise  nuestro  suelo, 
que  no  es  tan  noble  el  esclavo 
que  deje  libre  á  su  dueño! 

Nella.     Cuando  ella  viene  indefensa 
á  ver  á  una  hija  del  pueblo 
y  la  estrecha  entre  sus  brazos, 
indigno  es  de  hidalgos  pechos 
suspender  una  amenaza 
sobre  su  frente!  dejemos 
tal  cosa  y  habíame,  hermano, 
como  siempre,  que  ya  es  tiempo! 

Fern.      Nella  mia! 

Nella.  Amigo  mió! 


—  24  — 

AND.  (Apareciendo    en  la    puerta  de    la  ,  hostería   con    un¡» 

rueca  y  un  huso.) 

Si  estorbo  me  iré  más  Jejos. 
Nella.     Por  qué  has  de  estorbar,  Andrea? 
And.        No  sé. 
Nf.lla.  Yo  siempre  te  quiero 

á  pesar  de  tus  continuas 

riñas  conmigo. 
Fe  un.       (Sonriendo.)        Lo  creo; 

reñiréis  Jo  mismo  siempre! 
And.         Yo  dominaré  mi  genio; 

cuando  se  encuentra  á  una  amiga 

que  ha  de  estar  tan  poco  tiempo 

entre  nosotros! 
Fern.  Tan  poco! 

Tú  qué  sabes? 
And.  Yo  me  entiendo! 

Fern.      Vendrán  lis  aves  marinas 

á  hacer  su  nido  en  el  suelo 

antes  que  vuelva  mi  Nella 

á  traspasar  el  convento. 
Nella.     Y  tú  sabrás  impedírmelo? 
And.        Fernando  es  un  hechicero 

que  detiene  á  las  doncellas 

en  sus  mejoreg  proyectos! 
Fern.      Yo  sé  tu  buen  corazón, 

y  desde  ahora  te  apuesto 

á  que  eres  tú  la  que  quieres 

quedarte! 
Nella.  Yo!  y  por  qué  medios? 

Fern.      Cuando  te  fuiste  hace  un  año, 

ya  sabes  que  caí  enfermo; 

si  hoy  me  sucede  lo  mismo 

pagar  no  podré  el  impuesto 

y  me  venderán  mi  barca, 

mis  redes,  mi  choza! 
Nella.  (Cielos!) 

Fern.      Mi  madre  y  yo,  sin  recursos 

con  tu  ausencia  quedaremos ! 

¡veremos  si  tienes  alma 

para  marcharte! 
Nella.  ¡Yo  espero 


~-  25  — 

que  nunca  llegue  ese  caso; 
tú  tienes  amigos  y  ellos 
darán  su  parle  y  la  tuya 
si  á  caer  vuelves  enfermo! 

Fern.       Oh!  sin  tí,  nadie  en  la  aldea 
será  feliz! 

And.  Por  supuesto! 

si  será  Nella  una  santa 
y  ya  ganar  no  podremos 
sin  su  protección  la  vida! 

Nella.     Dice  bien  Andrea! 

Fern.  Bueno, 

intenta  otra  vez  marcharte! 

Nella.     Fernando,  no  hablemos  de  eso! 
No  eres  hoy  feliz? 

Fern.  Cual  nunca! 

Nella.     Tres  días  son  mucho  tiempo! 
y  yo  quiero  que  aquí  pasen 
entre  fiestas  y  contento! 
Mañana  se  abre  la  pesca 
en  Nicolosi!  Allá  iremos!... 
yo  en  tu  barca  como  siempre. 

Fern.      Oh!  mi  Nella,  á  vivir  vuelvo 

escuchándote!  (Con  eutusiasmo.) 

And.         (Levantándose.)  Ya  he  roto 

el  huso;  ¡si  es  mucho  cuento! 

Fern.      Ven  á  casa!  Allí  te  espera 

tu  cruz  de  oro;  el  traje  nuevo 
que  dejaste  y  la  bandola 
con  que  cantabas. 

Añd.  Reniego 

de  la  rueca! 

Fern.  Ven;  te  aguardan 

tus  amigas!  volveremos 


á  la  fuente,  y  otros  dias 

felices  recordaremos! 

Nella. 

Adiós,  Andrea! 

And. 

Adiós,  Nella! 

Fern. 

Vamos! 

Nella. 

Sí! 

And. 

(Con  ira.)  Qué  par  de  necios! 

(Nella   y  Fernando  se  van  del  brazo  corriendo 

—  26  - 

tando.  Nasoni  los  ve  y  baja  al  proscenio.    Andrea  ha 
tirado  la  rueca  y  el  huso  y  se  ha  quedado  pensativa.) 

ESCENA  XV. 

ANDREA,  NASONI. 


Nasoni. 

Esos  sí  que  están  alegres! 

buena  pareja  ¿no  es  cierto? 

And. 

Yo  qué  sé! 

Nasoni. 

Cuándo  se  casan? 

¿ND. 

Que  se  vayan  al  infierno 

ó  que  se  casen,  á  mí 

qué  me  importa? 

Nasoni. 

Por  supuesto! 

(Está  furiosa!  yo  triunfo!) 

And. 

Y  tú,  estúpido,  ¿á  qué  has  vuelto? 

Nasoni. 

Ya  verás.  Salí  guiando 

á  aquel  gentil  caballero... 

And. 

Bien  y  qué? 

Nasoni. 

Que  de  repente 

partió  al  galope,  sin  miedo 

al  barranco  ni  á  las  rocas: 

yo  seguí  andando  con  tiento 

y  gritándole  «cuidado! 

»esperad,  mirad  que  hay  riesgo!» 

Nada!  le  perdí  de  vista! 

y  cuando  llegué  al  crucero 

de  la  senda,  en  un  recodo 

me  vi  al  caballo  comiendo 

yerbas  del  pantano! 

And. 

Cómo? 

Nasoni. 

Con  la  boca! 

And. 

Si  no  es  es6, 

animal! 

NaSONI. 

Sí,  el  animal 

es  el  que  estaba  comiendo! 

And. 

Y  el  ginete? 

Nasoni 

No  sé  nada! 

grité,  chillé— y  aquí  vuelvo... 

And. 

Á  pedir  socorro. 

—  2' 


Nasoni.  No; 

á  ver  si  han  dado  el  dinero 
los  otros  por  los  caballos. 

AND.  Sí!  (Distraída.) 

Nasoni.         Y  pagaron  el  almuerzo? 

And.        También!  pero  ese  ginete... 

Nasoni.    Se  habrá  ido  á  pie  — Era  extranjero, 
y  si  se  ha  ahogado,  mejor, 
tenemos  un  francés  menos! 

And.        Cinco  escudos.— Ten  tu  parte! 

(Le  da  unas  monedas.) 

Nasoni.    Dime,  y  piensa  un  poco  en  ello! 

No  es  un  cargo  de  conciencia 

separar  con  ese  ceño 

estos  escudos  nacidos 

para  estar  juntos?  Qué  hacemos 

los  dos  solteros? 
And.  Me  apestas! 

Nasoni.    Andrea,  pues  á  qué  huelo? 
And.        Á  insoportable... 
Nasoni.  Fernando 

no  te  quiere! 
And.  Y  qué  tenemos? 

Nasoni.    Los  dos?  Nada... 
And.  Te  lo  ha  dicho? 

Nasoni.    Yo  te  conozco  hace  tiempo... 

y  sólo  con  que  te  hubiera 

dicho  «bien  haya  ese  cuerpo!» 

cstarias  muy  contenta! 
And.        Yo! 

Nasoni.         Sí;  conmigo  el  primero! 
And.        Yo  estoy  como  me  acomoda! 

á  nadie  le  importa! 
Nasoni.  Eso 

ya  lo  sé  yo! 
And.  Y  desde  hoy 

para  siempre  te  prevengo, 

que  si  en  quererme  te  empeñas 

pierdes  la  salud  y  el  tiempo! 
Nasoni.    Vaya!  hagamos  una  apuesta, 

¡á  que  al  íin  nos  entendemos! 

y  unimos  nuestros  ducados, 


And. 

Nasoni. 


28 


y  abrazo  ese  talle  esbelto... 

(Quiere  abrazarla.  Andrea  le  da  un  cachete.) 

Ten  mi  regalo  de  boda!  (se  va.) 

Ahora  sí  que  estoy  contento! 

Con  otros  treinta  como  este 

es  mia  sin  más  remedio!   (Se  va  poreí  fot 


ESCENA  XVI, 


NELLA,  FERNANDO,  PESCADORAS  y  PESCADORES. 
MÚSICA. 


Todos.  ¡Es  ella!  ya  viene 

la  aldea  á  alegrar! 
es  Nella!  la  hermosa, 
la  perla  del  mar! 

NELLA.       (Vestida    con    el    traje    pintoresco    del   pais,    con    au 
bandola  en  la  mano.) 

Aquí  estoy  ya; 
al  son  de  mis  canciones 
bailad!  bailad! 
Todos.     (Bailando.)  La  taran  tan-tan-tara'n  tan,  etc. 

(Mientras  el  baile,  aparecen  en  la  falda  de    la   mon- 
taña soldados  franceses;  llaman  á  Nasoni   y  empiezan 
á  subir  con  él  por  los  cerros.) 
FerX.         (Á    los    Pescadores,    que    se    agrupan    á   su  lado  con 
misterio.) 

(Silencio  compañeros 

que  el  júbilo  os  engaña; 

ya  empieza  la  montaña 

la  tropa  á  recorrer. 
Percs.  Cambiemos  á  su  vista 

si  aquí  su  oficio  empieza 

en  ayes  de  tristeza 

los  cantos  de  placer! 
Nella.  Prudencia,  amigos, 

por  Dios  tened! 
Todos  .  Libres  un  dia 

sabremos  ser.) 


—  ci9  — 

(Los  soldados  desaparecen  y  vuelven    los  Pescador?  s 
á  reunirse. ) 

Fkrx.  (Se  alejan  de  estos  sitios; 

¿á  dónde  irán 
miseria,  luto  y  lágrimas 
á  derramar?) 
Pesc.  El  yugo  extranjero 

ya  es  harto  sufrir^ 
jaremos,  amigos, 
vencer  ó  morir! 
La  patria  nos  brinda 
su  santo  favor; 
si  esclavos  vivimos 
morir  es  mejor. 

Nella.  Dejad  para  otros  dias 

el  brío  y  el  valor; 
hoy  nadie  nos  persigue, 
cantar  es  lo  mejor! 
Oid,  llegad! 
y  al  son  de  mis  canciones 
bailad!  bailad! 
Todos.         Tan,  larán,  lan,  lao,  larán,  lan! 

(Nella   se  sienta  al    lado  de   la  fuente,   y  canta  acom- 
pañada de  ¡a  bandola;  todos  bailan  en  rueda.  ) 

Nella.        ¡Dime,  dime,  pescadora, 

dónde  vas  tan  de  mañana, 

si  el  amigo  que  tú  buscas 

aún  no  ha  vuelto  de  alta  mar! 
Pescadores  y  Pescadoras. 

Adonde  vas!  adonde  vasj 
Nella.        No  te  alejes  de  la  orilla, 

que  te  sigue  un  extranjero, 

su  lenguaje  es  embustero, 

no  te  dejes  engañar... 
Todos.         Adonde  vas!  adonde  vas! 

Lan,  larán,  lan,  lan,  larán,  lan. 

CARLOS.     (Apareciendo  entre  los  árboles    de  la  fuente  mientras 
todos  se  alejan  bailando  y  cantando.) 

Nella! 
Nella.     (Aterrada.)      (Qué  es  esto?) 
Carlos.  Te  adoro! 


—  50  - 

Neí.LA.       '•  Dejando  caer  la  bandola  y  casi  dasmayán  ' 

Ah! 

(Carlos  se  oculta  entie  los  árales.) 
TODOS.       (Corriendo  hacia  ella.) 

Nella! 
Fern.  Qué  tienes! 

Todos.  No  vuelve  en  sí! 

NeI.F.A.       (Dominando  su  emoción  5  esforzándose  por  reír.) 

Es  una  broma! 
reíd!  rei'd! 
(No  es  sueño,  no  es  sueño, 
su  imagen  querida, 
que  llena  mi  vida, 
he  vuelto  á  mirar! 
Si  vuelve  á  mis  brazos 
honrado  y  amante, 
mi  dicha  constante 
hoy  puedo  lograr.) 
Todos.         '  El  yugo  extranjero,  etc. 

(NeUa,  con  la  mano  en  el  corazón,  mira  aturrada  . 
los  árboles  de  la  fuente.  Fernando  no  aparta  los  ojos 
de  Nella.  En  lo  alto  de  la  montaña  aparecen  otra  vez 
Naso  ni  y  los  soldados  franceses.  Cae  el  telón.) 


FIN    DEL    ACTO    PRIMERO. 


ACTO  SEGUNDO. 


Las  rocas  de  Nicolosei  que  llenan  los  dos  últimos  tér- 
minos del  proscenio.  Á  derecha  y  á  izquierda  altas 
montañas  practicables,— Por  entre  éstas  y  aquellas, 
el  mar  avanza  hasta  el  segundo  término  de  la  escena. 
En  el  primer  término  una  escalera  tallada  en  la  roca 
á  la  derecha.  Á  la  izquierda  un  piso  saliente.  La  es- 
tatua pequeña  de  una  Virgen,  iluminada  por  una 
lámpara.  La  luna  alumbra  la  escena  y  el  mar,  cuyas 
olas  se  estrellan  en  las  rocas. 


ESCENA  PRIMERA. 

MÚSICA. 

Cantan    dentro  las  Pescadoras. 


La  luz  de  mi  Madona 

se  ve  ya!... 
y  el  mar  para  nosotros 

quieto  está! 
Alegres  pescadores, 

proseguid! ... 
La  Virgen  nos  bendice 

desde  alüí... 


—  32  — 

(Mientras  se  canta  dentro,  Carlos  baja  por  la  escale- 
ra, se  dirige  á  las  rocas  del  centro  y  mira  al  mar. 
Con  la  tea  que  lleva  en  la  mano  hace  una  seña  y  ana- 
recen  soldados  franceses  por  detrás  de  la  montaña. 
Bajan  todos  al  proscenio  con  misterio.  Apenas  están 
retiñidos,  Carlos  apaga  la  tea  en  el  mar  y  se  coloca 
en  medio.) 

Carlos  .  En  estas  rocas 

la  cita  es! 

Los  de  Masca! i 

vendrán  después. 

Y  es  necesario 

sin  dilación 

que  sofoquemos 

la  rebelión. 
Soeds.  Si  contra  Francia 

Sicilia  está, 

si  por  ser  libre 

conspira  ya, 

con  nuestras  armas 

la  haremos  ver 

que  otra  vez  libre 

no  puede  ser! 

CORO  DE  PESCADORES.  (En  el  mar.) 

La  luz  de  la  Madona 


se  ve  ya 


y  el  mar  para  nosotros 

quieto  esta'. 
Alegres  pescadores 

proseguid!... 
La  Virgen  nos  bendice 
desde  allí!... 
Carlos.    Á  la  otra  falda  de  la  montaña 

hasta  mi  aviso  permaneced! 
Soeds.  Con  tu  bocina  haz  la  señal! 
Careos.  (Nella  y  Sicilia,  mias  serán/ 

Si  un  toque  mi  bocina 
en  esta  noche  os  da, 
venid  y  en  este  sitio 
la  muerte  encontrarán. 
Pero  si  ois  dos  veces 


-  33  - 

seguidas  la  señal, 
marchad,  que  en  la  montaña 
no  hacemos  taita  ya! 
Solds.  Si  un  toque  su  bocina 

únicamente  da, 
venimos  á  esta  playa 
su  infamia  á  castigar. 
Pero  al  oir  seguidas 
dos  veces  la  señal, 
es  prueba  que  en  la  costa 
no  hacemos  falta  ya! 

NASONI.    (Apareciendo  en  lo  alto  de  la  montaña,  donde  estaba. 
echado  y  escondido.) 

(Bueno  es  saberlo!) 

(Vuelve  á  esconderse.) 

Carlos.    Marchad!  marchad! 

(Carlos  y  los  soldados  dejan  completa  y  rápidamente 
libre  la  escena.  Las  barcas  se  adelantan  cada  vez  más 
hasta  llegar  á  las  rocas  que  están  al  pie  de  las  mon- 
tañas primeras  y  en  medio  de  ia  escena.) 

Coro  de  pescadoras. 

La  luz  de  la  Madona 

se  ve  ya! 
y  el  mar  para  nosotros 

quieto  está. 
Alegres  pescadores 

proseguid! 
la  Virgen  nos  bendice 

desde  allí. 

ESCENA  II 

FERNANDO,  NELLA,  ANDREA,    PESCADORES. 

Cuando  todas  las  barcas  llegan   á  las   rocas,    Fernando   se    pone 
de  pie  en  la  suya,  donde  viene  Nella  sentada  en  la  popa. 


f  ERN.         (Quitándose  la  gorra.) 

Rocas  donde  ha  corrido 


-  54  — 

mi  alegre  juventud, 
Madona  que  la  alumbras, 
salud!  salud! 

TODAS.  Sallld!  Salud!  (De  pie  en  las  barcas.) 

(Todos  saltan  á  tieria  por  entre  las  rocas.  Se  llena 
la  escena  de  pescadores,  mujeres  y  niños,  que  se 
arrodillan  delante  de  la  Virgen,  ocupando  todo  el 
proscenio.) 

Nella.  Santa  Madona,  (De  rodillas.) 

mira  á  tus  pies 
un  pueblo  entero 

lleno  de  fe! 
Da  á  nuestros  hijos 
calma  en  su  hogar, 
luz  en  los  cielos 
pesca  en  el  mar! 

(Todos    los  hombres  se   levantan  y  ponen  las    manos 
sobre  las  cabezas  de  los  niños    que  permanecen  arro- 
;         (Hilados  con  las  mujeres. ) 

Fjsaiv.  Roguemos  á  la  Virgen, 

pues  ve  nuestro  dolor, 
que  extienda  sobre  todos 
su  manto  protector. 

COKO  GENERAL  DE  PESCADORES  y  PESCADORAS. 

Santa  Madona, 
mira  á  tus  pies,  etc. 

(Todos  se  levantan  y  forman  un  cuadro  animadísimo, 
extendiéndose  por  las  rocas,  las  montañas  y  ia  es- 
cena. Las  mujeres  sentadas,  unas  con  sus  hijos  en 
brazos,  otras  recostadas  en  las  peñas,  etc.,   etc. 


ESCENA   III. 

JUCHO  S,  NASON1,   que  baja  de  la  montaña   á  su  tiempo;   MIJ- 
JEí'.ES,  PESCADORES  y  NIÑOS. 

HABLADO. 

Fern.       Vamos!  amarrad  las  barcas 

un  instante  y  descansemos! 
Neli.a.     Jamás  se  vio  mejor  noche 

ni  estuvo  e  1  mar  tan  sereno! 


-  55  — 

Feiin.      Vigilad! 

Nasoni.  Ya  me  releban,         ; 

110  puedo  bajar  de  miedo. 

(Mirando  á  dos  pescadores  que  suben  á  lo  alto  de  la 
montaña  donde  él  está,  baja  al  proscenio:  otros  dos 
pescadores  suben  á  la  otra  roca.) 

Nella.     (Era  él!  no  cabe  duda, 

sólo  de  acordarme  tiemblo!) 
Pese.        Á  nadie  se  ve  en  la  playa! 

(Hablando  desde  lo  alto.) 

Ferñ.       Raro  es  que  solos  estemos! 
And.        Á  quién  esperabas? 

FERN.         (Á  los  pescadores.)      Vamos! 

venid;  no  hay  que  perder  tiempo! 

(Se  le  acercan  todos  los  hombres  menos  los  que  es- 
tán de  vigías  en  las  montañas.) 

Sicilia  trabaja  h:¡ce  años 

por  romper  sus  duros  hierros 

y  ya  la  hora  se  acerca: 

por  todas  partes  el  pueblo 

conspira,  y  tal  vez  mañana 

principie  el  combate  horrendo. 

El  rey  de  Aragón  protege 

nuestro  legítimo  esfuerzo, 

y  los  tiranos  de  Francia 

morirán  en  nuestro  suelo. 

Mientras  los  pueblos  del  Norte 

se  sublevan  en  Palermo, 

á  una  señal  convenida 

nosotros  extenderemos, 

desde  Mesina  á  Mascali 

de  la  rebelión  el  fuego. 

Aquí  es  la  cita  esta  noche, 

y  reunimos  debemos 

con  los  que  habitan  la  costa 

desde  Natto  al  cabo  Pésaro. 

Valor  y  prudencia,  amigos, 

serenidad  y  ardimiento, 

y  Dios  á  la  patria  libre 

de  ser  esclava  más  tiempo. 
To;üos.     Tú  nos  guiarás. 
Nasosí.  Señores, 


—  56 


And. 
Nasoni. 

Ano. 
Fern. 

Nasoni. 


un  poquito  de  silencio. 

(Colocándose  en  medio.) 

Fern.      Qué  hay? 

Todos.  Qué  pasa! 

Nasoni.  Mucho  malo! 

Voy  á  exponer  el  pellejo, 
mas  se  lo  daré  á  mi  patria 
ya  que  es  lo  único  que  tengo. 

(Á  Fernando.) 

Viendo  Andrea  que  tú  y  Nella 
salíais  juntos  del  pueblo 
en  la  misma  barca,  dijo: 
«Nasoni,  tú  y  yo  corriendo 
á  Nicolosí.» 

Mentira! 
Lo  será,  pero  hace  tiempo 
que  estábamos  esperándoos. 

YO  te  jurO...  (Avergonzada,  á  Fernando .) 

Acaba  presto... 
qué  nos  importa  esa  historia? 
No,  si  ahora  llega  lo  bueno. 
Yo  me  subí  á  la  montaña 
para  veros  desde  lejos; 
de  pronto  siento  aquí  mismo 
ruido  de  pasos;  me  vuelvo, 
y  horror!  veo  á  los  soldados 
franceses  bajar  del  cerro! 
Cómo! 

Qué  dices! 

De  bruces 
me  eché  pegándome  al  suelo, 
alargando  los  oidos 
y  tragándome  el  aliento. 
Los  oíste? 

Por  fortuna! 
vuestro  plan  han  descubierto; 
saben  que  es  aquí  la  cita; 
que  la  pesca  es  un  pretexto, 
y  ellos  son  los  que  nos  pescan 
si  no  los  escucho  á  tiempo. 
Fern.       Maldición!  Nuestros  hermanos 
llegarán,  y  sin  remedio 


Fern. 
Todos. 

Nasoni. 


Fern. 

Nasoni. 


—  57  — 

caeremos  en  su  poder! 

Nasoni.    Su  jefe  así  lo  ha  dispuesto. 
Á  un  toque  de  su  bocina 
acudir  deben  corriendo 
los  soldados,  que  escondidos 
estarán  por  esos  cerros; 
si  oyen  dos  seguidos,  todos 
deben  irse  por  el  puerto 
siguiendo  la  costa... 

Fekn.  ¿Y  cómo 

librar  á  todos  podemos? 

Nasoni.    Ya  no  sé  más;  me  parece 

que  soy  hombre  de  provecho! 

Fern.      Los  de  Roca-Nova  pueden 
llegar  aquí  los  primeros! 

Nasoni.    Imposible!  Cuando  ayer 
los  franceses  me  cogieron 
para  servirlos  de  guia, 
venían  por  el  impuesto 
á  Roca-Nova,  los  pobres 
pagársele  no  pudieron, 
y  allí  los  han  embargado 
barcas,  redes... 

Fern.  Oh!  pensemos!... 

And.        (Por  qué  le  has  dicho  que  yo 
me  vine?... 

Nasoni.  Porque  te  quiere, 

y  tú  le  quieres  á  él, 
y  él  está  por  otra  muerto, 
y  así  vamos  dando  vueltas 
y  nunca  nos  entendemos!) 

FERN.         (Á  las  mujeres.) 

Vosotras  seguid  la  costa 

por  la  izquierda,  cual  si  fuéramos 

á  pescar  á  Roca-Nova. 

(Á  cuatro  Pescadores.) 

Vosotros  cuatro,  con  Píetro, 

detened  en  el  camino 

las  barcas  de  los  de  Pessaro, 

y  decidles  que  la  cita 

será  en  el  Faro.— Yo  espero 

una  señal  que  me  avise 


-  58  - 

para  marchar  con  los  nuestros. 

Vosotros  id  por  la  playa 

indiferencia  fingiendo! 

serenidad,  confianza, 

que  yo  aquí  por  todos  velo! 
Nella.    Te  admiro! 
And.        (á  Nasoni.)  Quédate  tú! 

NaSONI.     Viva  Femando!    (Dando  un  gran  grito) 

Fern.  Silencio! 

Nasoni.   (No  se  puede  ser  patriota!) 

And.        (Se  quedan.) 

Fern.  Adiós! 

Nasoni  y  Todos.  Marchemos.  (Vánse.) 

ESCENA  IV. 

NELLA,    FERNANDO. 


Nella. 

(Sola  con  él!) 

Fern. 

(Sola  aquí! 

defiéndame  Dios  de  mí!) 

Nella. 

Acaso  intentas  triunfar? 

Fern. 

Pienso  al  menos  escapar 

de  mis  contrarios  así. 

(Con  intención.) 

Paréceme  que  estás  mal... 

Nella. 

(Queriendo  irse.) 

Vamos  de  todos  en  pos... 

Fe  un. 

Tiemblas,  Nella?  (cogiéndola  la 

Nella. 

Yo,  no  tal.. 

Fern. 

¿Hay  cosa  más  natural 

que  hablar  un  rato  los  dos? 

Nella, 

Cierto! 

Fern. 

¿Recuerdas  los  dias 

que  en  mi  lancha  pescadora 

loca  de  placer  venias?... 

Nella. 

Venturosas  alegrías, 

¿por  qué' no  las  tengo  ahora! 

Fern. 

Eso  te  pregunto  yo. 

Nella. 

No  sé! 

Fern. 

Me  vas  á  decir 

por  qué  el  convento  encerró 

-  o9  — 

tu  dicha  y  mi  porvenir...  (Pausa.) 

Vas  á  decírmelo? 
Nella.  No! 

Fe  un.      Deja  que  á  tu  voz  acuda. 

¿Tan  fácilmente  en  un  año 

de  alma  y  corazón  se  muda? 

Mira  que  es  peor  la  duda 

que  el  más  triste  desengaño! 
Nblla.     Fernando...  perdóname; 

puesto  que  hoy  á  hablar  me  obligas, 

¿no  te  enojarás? 
Fern.  No  á  fe! 

Todo  cuanto  tú  me  digas 

(Con  fingida  serenidad.) 

impasible  escucharé. 
Nella.    Yo  te  amé  como  una  hermana 

y  de  igual  modo  te  quiero. 

Si  alguna  esperanza  vana 

te  hac£  pensar  en  mañana, 

haces  mal! 
Ferx.  (Oh!)  Nada  espero: 

¡sólo  por  huir  de  mí 

fuiste  un  convento  á  buscar! 
Nella.     Eso  es!... 
Fern.  Nunca  lo  creí; 

dijérasmelo  y  así 

me  enseñaras  á  callar! 
Nella.     No  se  manda  al  corazón, 

y  el  mió  te  dio  un  cariño 

fraternal. 

Ff,RN\  Tienes  raZOn.  (Cen  amargura.) 

Yo  me  enseñé  desde  niño 

á  tenerte  adoración! 

En  la  nube  sonrosada;  (con  entusiasmo  y 

en  los  secos  arenales, 

en  la  blanca  mar  rizada, 

en  la  atmósfera  preñada 

de  terribles  vendábales: 

entre  el  negro  torbellino 

que  al  cielo  escupe  la  espuma, 

y  forma  en  su  remolino 

la  fria  y  pesada  bruma 


—  40  — 

que  del  mar  borra  el  camino. 

Tu  imagen  encantadora 

á  pesar  mió  entreveo, 

de  mi  corazón  señora, 

más  alegre  que  la  aurora, 

más  hermosa  que  el  deseo! 

Dices  que  yo.no  te  quiera; 

que  amarte  no  necesito; 

como  si  posible  fuera 

borrar  una  vida  entera 

donde  hay  solo  un  nombre  escrito! 

No  con  ingrata  inclemencia 

si  á  tí  mi  pecho  se  lanza, 

le  escuches  con  impaciencia; 

arranca  de  él  la  existencia 

mas  deja  en  él  la  esperanza! 

Mella.    Si  la  voz  de  la  razón 

engendrara  una  pasión, 

hace  tiempo  que  la  mia 

te  hubiera  hecho  el  primer  dkí 

dueño  de  mi  corazón! 

Pero  á  la  razón  ágenos 

son  del  alma  enamorada 

los  juicios:  deja  los  buenos 

y  corre  desatentada 

tras  de  los  que  valen  menos! 

Fern.      Oh! 

Nell\.  Si  yo  justicia  hago 

al  mérito  que  atesoras 
y  no  respondo  á  tu  halago,, 
¿dime  tú  por  qué  me  adoras 
y  di  por  qué  no  te  pago? 

Fekn.       Pero  es  que  tengo  un  rival 
más  constante,  más  leal? 

Nella.     Es  que  yo  no  sé  querer... 
es  que  corre  tras  su  mal 
el  alma  de  la  mujer! 

Fern.      Huyan  mis  dias  serenos 

de  amor  y  esperanza  llenos! 

Nella.    No  has  de  olvidarme? 

Fern,  Jamás. 

Nella.     ¿Por  qué  no  me  quieres  menos? 


—  41  — 

Fern.       ¿Por  qué  tú  no  me  amas  más? 


MÚSICA 

Fern.  No  apartes,  no  los  ojos; 

mi  amor  inmenso  ve, 
y  el  fuego  en  que  mi  alma 
por  ti  se  siente  arder. 

Nella.  Ay,  déjame! 

Ay,  déjame! 

Fern.  Por  tí  mi  patria  olvido; 

sin  tí  vivir  no  sé, 
tu  amor  es  mi  ventura! 
y  eterno  mi  querer! 

Nella.  Ay,  déjame! 

Ay,  déjame! 


Fern. 

AcaSO  amas  á  Otro?  (Con  rapidez.) 

Nella. 

NO  tal!  (Aterrada.) 

Fern. 

¡Mísero  de  él!  (Con  furor. 

su  sangre  gota  á  gota 

vieras  aquí  correr. 

Nella. 

(Jesús!)  Yo  no  amo  á  nadie! 

Fern. 

Lo  anhelo  por  tu  bien! 

Nella. 


Son  los  celos  en  el  alma 
espantoso  torcedor, 
mezcla  de  odio  y  de  locura , 
de  crueldad  y  de  furor; 

nunca  los  celos 

hasta  hoy  sentí; 
si  son  verdad,  maldito  el  dia. 

en  que  te  vi. 
Yo  del  mundo  me  he  alejado 
por  huir  de  tu  pasión, 
y  no  puede  darte  celos 
una  esposa  del  Señor. 

Allí  mañana 
he  de  volver 
y  tú  verás  cómo  me  olvidas 


-  42  — 

si  no  me  ves! 
Fern.  Es  en  vano  que  no  quieras 

escuchar  mi  amante  voz, 
es  ameno  mi  cariño, 
y  es  eterna  mi  pasión. 

Oh,  no!  no  puede  ser! 

Sin  tí  mi  vida 
suplicio  fuera, 
en  tí  se  cifra 
mi  dicha  entera; 
¡ay!  no  te  alejes 
de  mí  jamás! 
Vivir  no  puedo 
sin  tu  cariño, 
que  inextinguible 
nació  de  niño, 
y  con  mi  vida 
terminará! 
Nella.  Tu  amor  olvida, 

que  fué  locura, 
y  de  mi  afecto 
la  llama  pura 
para  tí  el  alma 
conservará. 
De  mí  no  esperes 
otros  amores, 
que  atormentada 
por  sus  dolores 
el  alma  mía 
de  Dios  es  ya! 


HABLADO. 


Fern,       Una  palabra — una  sola.  (Conmovido. ) 
Quizá  dentro  de  dos  dias 
se  conquistará  en  Palermo 
la  libertad  de  Sicilia. 


—  43  - 

Si  triunfo  y  Dios  me  conserva  e 

mi  desventurada  vida, 

eres  libre,  mas  si  muero, 

de  mi  anciana  madre  cuida! 

la  dejo  sola  en  el  mundo, 

te  recogió  cuando  niña, 

no  la  abandones!  (Conmovido.) 
Nella.  Fernando! 

lo  juro! 
Fern.  Mi  amor  olvida! 

Nella.     (Ay  de  mí,  que  ingrata  y  ciega!...) 

Perdóname! 
Fern.  No  me  sigas. 

Nella.     Soy  tu  hermana! 
Fern.  Razón  tienes! 

(Suframos  más  todavía.)  (Vánse  por  la  derecha. 


ESCENA  V. 


NASONI  por  entre  las  peñas. 


Nasoni.    La  verdad,  gran  miedo  tengo 
y  el  alto  empleo  de  espia 
me  hace  poquísima  gracia... 
Casi  me  revienta...  eh!  gritan? 
No...  fué  ilusión  ó  cerote, 
que  ahora  es  una  cosa  misma! 
unos  se  han  ido  escurriendo, 
otros  la  costa  examinan, 
y  yo  vengo  á  ver  si  hay  alguien 
para  cumplir  mi  consigna! 
Eh!  ni  una  mosca  se  siente... 
¿adonde  estará  escondida 
la  avanzada  de  las  tropas? 
voy  á  ver  si  se  divisa 
por  las  rocas  algo  nuevo; 
¡ampárame,  Virgen  mia, 
y  ya  que  oí  la  emboscada, 
ayúdame  á  destruirla!... 

(Se  dirige  al  foro  y  mira  al  mar  mientras  salen     Cái 
los  y  soldados  por  la  derecha.) 


-  44  - 


ESCENA  VI 


NASONI,  CARLOS  y  SOLDADOS. 


Carlos. 

Nadie...  por  dónde  se  han  ido? 

Gap. 

Era  el  aviso  mentira... 

y  estarán  todos  pescando. 

¿Cómo  ha  de  intentar  Sicilia 

luchar  audaz  contra  Francia? 

Carlos. 

(Ella  entre  todos  vendría 

y  yo  no  la  he  visto  ¡torpe 

de  mí!  La  ocasión  propicia 

es  esta...  Esperadme!...  un  hombre!... 

(Viendo  á  Nasoni  de  espaldas.) 

Todos. 

Qué!... 

Carlos. 

Mirad! 

Todos. 

Qué  hace? 

Carlos. 

Vigila... 

se  vuelve— dejad  que  llegue;— 

interrogadle  en  seguida 

y  no  deis  alarma  en  falso, 

que  su  ocupación  prosiga... 

y  después  en  la  montaña 

seguid  hasta  mi  venida. 

Coro. 

Vais?.  . 

Carlos. 

Á  recorrer  la  costa 

por  precaución. 

Coro. 

Sin  un  guia? 

Carlos. 

Solo.  Recordad  mi  orden; 

á  un  toque  de  mi  bocina 

que  acuda  toda  la  fuerza. 

Si  oís  dos,  seguid  la  orilla 

del  mar  en  silencio  siempre 

hasta  llegar  á  Mesina. 

Todos. 

Ya  viene! 

Carlos. 

Prudencia...  (ahora 

mi  amor  antes  que  Sicilia.) 

(Váse  por  la  izquierda.) 

Nasoni. 

No  hay  nadie...  (Se  vuelve  y  lesorpreuden.) 

Todos. 

Alto! 

Nasoni. 

Muerto  soy! 

Ave-María  purísima! 


ESCENA   Vil. 

NASONI  y  SOLDADOS. 
MÚSICA. 

Coho.  Qué  hacías  en  la  playa? 

(Bajándole  al  proscenio.) 

Nasoni.  Estaba  mariscando 

Coro.  Qué  llevas  en  el  pecho?  (Registrándole. 

Nasoni.  Un  santo  escapulario! 

Coro.  Qué  tienes  que  así  tiemblas? 

Nasoni.  Enfermo  el  epigastrio... 

Coro.  Qué  quieres  desde  ahora? 

Nasoni.  Correr  por  esos  campos. 
Curo.  Basta,  traidor! 

Nasoni.  Yo  no  he  traído  nada! 
no  señor,  no  señor. 


Coro. 


Na  soní, 
Coro. 
Nasoni. 
Coro. 


Si  libre  quieres  ser 
al  punto  has  de  contar 
lo  que  hoy  tus  compañeros 
haciendo  en  casa  están. 
No  tengo  inconveniente! 

(De  fijo  lo  dirá.) 
(Aquí  me  hacen  añicos!...) 
(Nos  va  á  decir  su  plan!) 


Nasoni.  Como  la  noche  es  fresca 

mis  convecinos 
estarán  en  la  cama 

recogiditos; 
y  entre  dos  mil, 
dormirán  mil  quinientos 

haciendo  así, 

TOnC.  (imitando  que  ronca.) 

haciendo  así! 


Coro. 


No  es  eso,  no  es  eso. 


Nasoni.  Pues  yo  lo  haré  mejor; 

estarán  en  la  cama 

haciendo,  ronc!  (Roncando  más  fuerte.) 

haciendo,  ronc! 

Hablarán  los  casados 

con  su  mujer; 
recordarán  los  viudos 

lo  que  ya  fué; 

y  hembras  habrá 
que  no  estarán  soñando 

con  su  papá, 

con  su  papá. 
Cono.  Eso  es  verdad, 

y  por  tunante  quedas 

en  libertad! 

(Vánse  todos  riendo  por  la    derecha   y    Nasoni  por    ] 
izquiprrla.) 


ESCENA  VIII. 

NKLLA,  por  el  primer  término  izquierda  con  rapiiez,  ¡i  poco] 
CARLOS. 

HABLADO. 

Nella.     Era  él...  no  tengo  duda... 

mis  pasos  sigue...  corramos... 
Garios.    No  huyas  más...  deja  un  momento 

que  te  hable! 
Nella.  (Ay  de  mí!) 

Carlos  Hace  un  año 

que  por  huir  de  tí  misma 

y  de  mis  amantes  brazos, 

buscaste  en  un  monasterio 

tristeza,  olvido  y  amparo. 

Creíste  sin  duda  alguna 

que  al  trascurrir  ese  plazo 

nuestras  almas  no  tendrían 

recuerdo  de  lo  pasado. 

Te  engañaste;  tu  amor  leo 

en  !  us  mal  cerrados  párpados, 


-  47  — 

en  tu  palidez  de  muerte, 

en  el  temblor  de  tus  labios; 

el  mió  puedes  leerle, 

si  aún  sostienes  lo  contrario, 

en  mis  miradas  de  fuego, 

ea  mi  acento  enamorado! 

Un  año  sin  vernos!...  habla... 

¿qué  ha  sido  de  tí  en  ese  año, 

á  solas  con  tu  recuerdo 

amante  y  desesperado? 
Nella.     Á  través  de  esas  montañas  (Con  soiemnwud. 

el  convento  solitario 

eleva  su  cruz  al  cielo 

abriendo  al  triste  los  brazos. 

Allí  os  dije:  «Dios  escucha» 

nuestros  juramenl os  santos,» 

pronunciarlos  no  quisisteis 

y  yo  entré  sola  en  el  claustro. 

Me  amáis  aún?  Dios  lo  quiera! 

yo  aún  os  quiero  ¿á  qué  negarlo? 

la  cruz  sus  brazos  nos  tiende... 

Dios  espera,  y  yo  os  aguardo! 
Cahlos.   No  es  amor  el  que  razona 

y  opone  con  frió  cálculo 

¡í  los  arranques  del  alma 

estorbos  imaginarios. 

Ni  tú  lo  que  es  amor  sabes 

ni  en  tu  vida  me  has  amado. 
Nella.     Plugiera  al  cielo — dejadme! 
Carlos.    Nunca  lo  esperes.  En  vano 

de  oponer  á  mi  amor  tratas 

la  fría  sombra  del  claustro. 
Yo  atormentaré  tu  sueño, 

yo  perseguiré  tus  pasos, 
yo  escucharé  tus  suspiros 

antes  que  huyan  de  tus  labios. 
Y  en  la  playa,  en  la  colina, 
donde  tus  trémulos  pasos 
por  huir  de  mí  te  lleven, 
verás  mis  ojos  clavados 
en  el  cristal  de  los  tuyos 
mi  loco  amor  retratando. 


-  48  - 

íNei.la.     Sé  que  sois  un  extranjero, 

que  mí  alma  ha  debido  odiaros, 
y  que  á  pesar  mió,  presa 
en  vuestras  redes  me  hallo. 
Si  como  temo  es  más  grande 
que  vuestro  amor  vuestro  rango, 

(La  luna  se  oculta  tras  una  nube.) 

dejadme  en  mi  pobre  aldea 

de  mi  honradez  al  amparo 

pronunciando  vuestro  nombre 

para  aprender  á  olvidarlo. 
Carlos.    Cuanto  anheles  será  tuyo... 

amor,  opulencia,  fausto... 
Nella.    No,  no  es  eso! 
Caklos.  *  Qué  deseas? 

Nella.     Una  choza  y  vuestra  mano! 
Carlos.    Empeño  tenaz. 
Nella.  Adiós. 

Carlos.   Detente!... 
Nella.  No  deis  un  paso! 

Carlos.   No  saldrás  de  aquí... 
Nella.  Dejadme... 

Carlos.    Ven! 
Nella.  Oh!  Socorro! 

Carlos.  Mis  brazos 

te  detienen!... 
Nella.  Á  mí!... 

Carlos.  Calla! 

Nella.    Atrás!  Socorro!  Fernando! 

ESCENA  IX. 

DICHOS,  ANDREA,   interponiéndose  entre   los  dos. 

And.        Fernando?...  Eres  tú  quien  la  hace 
gritar! 

CARLOS.  Maldición!  (Separándose  de  Nella.) 

Nella.  (Ahora 

pensará...) 
Carlos.  Silencio!  (Á  Andrea."* 

AND.  (Viendo  que  no  es  Fernando.)  Cielos! 

NELLA.      Ah!   (Huye  por  detrás  de  la  montaña.) 

(La  luna  vuelve  á  brillar  como  al  principio.) 


-  49  — 

Carlos     Si  pronuncia  tu  boca 
una  palabra! — Si  dices 
alguna  frase,  una  sola, 
ay  de  tí! 

AND.  NO  tal!  yo  OS  juro...  (Temblando. 

(Era  una  cita  amorosa 

y  yo  los  he  sorprendido! 

Nella  ama  á  este  hombre!) 
Carlos.  (No  hay  otra 

ocasión  como  esta,  y  es 

necio  quien  las  abandona!) 
And.        (Y  Fernando  nada  sabe!) 

Dispensad...   (Queriendo  retirarse.) 

Carlos.  Espera! 

(Escribe  nnas  líneas  en  una  tablita  de  marfil.) 

Toma! 

Á  lo  largo  de  la  playa 

estarán  las  pescadoras; 

entre  ellas  sin  duda  alguna 

se  refugia  la  que  ahora 

me  acompañaba! 
And.  (Y  Fernando!) 

Carlos.    (Vendrá'!...  no  los  abandona!) 

Entrégale  esto  á  ella  misma, 

lo  oyes  bien! 
And.  Nunca  fui  sorda! 

Carlos.    Qué  te  va  la  vida  en  ello! 

Cúmplelo  bien,  que  te  importa. 
And.        Yo... 

Carlos.  Ay  de  tí,  si  hablas  á  nadie!... 

And-        (Yo  hablaré  sin  que  me  oigas.) 

(Váse  Carlos  por  la  izquierda.) 

ESCENA  X. 

ANDREA. 

Pobre  Fernando!  há  un  momento 

yo  me  sentía  gozosa 

á  la  idea  de  decirle 

ama  á  otro  la  que  adoras! 

y  ahora  tiemblo  de  que  le  haga 

4 


-  50  ~ 

infeliz  lo  que  él  ignora. 

Él!  y  con  ella!  valor... 

no  he  de  ser  en  sufrir  sola! 

(Se  oculta  un  momento.) 

ESCENA  XI. 

NEMA,  FERNANDO,  ANDREA. 

Nella.     No  te  vayas!...  tengo  miedo... 

dejemos  pronto  esta  costa! 
Fern.      Qué  tienes?  por  qué  tus  ojos 

giran  temblando  en  sus  órbitas? 

Qué  buscas? 
Nella.  Pronto...  Partamos. 

Fern.      Dentro  de  un  momento! 
Nella.  Ahora! 

quiero  al  lado  de  tu  madre 

volver!  no  me  dejes  sola! 
Fe "-n..      Tus  manos  están  heladas... 
Nella.     No!  las  barcas  están  proRtas... 

partamos  pues. 
Fern.  Si  te  empeñas... 

Nella.     Yo  misma  pondré  gozosa 

las  redes.   (Se  dirige  al  foro  y  arregla  la  red.) 
FERN.  All!  eres  tú!  (Al  ver  á  Andrea.) 

And.  (Calla! 

(Con  rapidez  y  misterio.) 

Fern.       Qué  ocurre? 

Ano.  Prudencia!...  Toma! 

(Entregándole  las  tabütas  de  marfil.) 

El  servicio  que  te  hago 

comprende...  Por  la  Madona 

te  juro  que  yo  no  sé 

lo  q-.e  dicen  esas  hojas. 

Tal  vez  ella  no  es  culpable 

y  á  tí  saberlo  te  importa! 
Fern.       Culpable! 
And.  Silencio.— Mira 

por  su  vida  y  por  su  honra!) 
Fern.       (Olí!  qué  dice  esta  mujer!) 
Ano.        Mi  venganza  ha  sido  pronta! 

(Desaparece   por    detrás    de    la    montaña      Fernando 


—  51  — 

queda  inmóvil  coa  las  hojas  de  marfil  en  la  mano. 
INella  baja  olía  vez  al  proscenio  mirando  con  terror 
á  todas  partes.) 

ESCENA  XII. 

NELLA,    FERNANDO. 

Fei.n.      Qué  es  esto?  «Nella,  aún  te  amo,  (leyendo.) 
»y  tú  has  dicho  que  me  adoras! » 
¿Oh  furor!  «sobre  los  tuyos 
»caen  en  seguida  mis  tropas 
.  »s¡  á  huir  no  te  determinas 
^conmigo  antes  de  la  aurora. 

(Con  ira  creciente. ) 

»Una  canción  tuja  sea 

»la  señal  de  que  estás  pronta, 

»y  huyo  contigo  y  perdono 

»á  los  rebeldes.» — ]¿a  cólera 

me  ciega. — Nella  ama  á  otro; 

por  el  sufre,  por  él  llora... 

Y  esetre  es  un  enemigo 

de  su  patria  y  de  su  honra!... 

Dios  mió! 
INella.     (volviendo.)  Fernando... 
Fekn.  (Calma!) 

Nella.     Ya  está  la  barca... 

FERN,  (Aquí  SOla  (Fuera  de  sí.) 

y  conmigo!  olas  de  sangre 

en  mí  corazón  se  agolpan!) 
Nella.     Partamos... 
Fern\  No  tengas  prisa. 

(Que  la  está  esperando  ignora.) 
Nella.     Qué  hacemos  aquí? 
Fern.  Aguardar 

la  señal  de  los  que  imploran 

mi  ayuda,  para  dar  muerte 

á  los  que  en  tu  patria  roban 

la  libertad  á  los  hombres  (Con  intención.) 

y  á  las  mujeres  la  honra. 
Nella.     Qué  tienes?  tus  manos  tiemblan! 
Fern       Ño  te  acerques! 


—  52  — 


Nellá. 
Fekn. 
Nella. 
Fern. 

Nella. 


Fern. 


Nella, 

Fern. 

Nella. 


Fern. 


Nella. 
Fern. 


Nella. 
Fern. 


Nella, 

Fern. 
Nella, 

Fern. 


Ah! 
(Disimulando.)  Perdona... 

Nunca  me  lias  hablado  así. 
Tienes  razón... 

Si  te  enojas 
porque  tu  amor  no  he  aceptado... 
mira  que  corren  las  horas, 
y  que  dentro  de  dos  dias 
ya  no  me  veréis... 

(Con  sarcasmo.)  ¿Qllé  importa 

si  tú  otra  vez  nos  olvidas, 
y  por  Dios  nos  abandonas! 
Cómo  me  hablas!...  No  te  entiendo. 
Aprensión  tuya... 

Te  implora 
mi  voz...  salgamos,  Fernando, 
pronto  de  estas  tristes  rocas, 
que  sin  razón  me  dan  miedo... 
Eso  es  esta  noche  sola. 
¿No  recuerdas  que  era  en  ellas 
donde  en  otra  edad  más  próspera , 
yo  te  hacia  con  mis  redes 
blando  asiento,  y  aquí  á  solas 
tu  voz  de  niña  lanzabas 
á  las  encrespadas  olas, 
mientras  yo  vencido  al  sueño 
te  miraba  como  ahora!  (con  odio,) 
Como  ahora  no! 

¿No  recuerdas 
las  alegres  barcarolas 
con  que  llamabas  á  todos 
los  hermanos  de  la  costa! 
Sí. 

Perdona  este  capricho 
de  un  muerto  amor  en  memoria... 
Quieres  cantar  una? 

Yo... 
en  alta  mar. 

Oh  no...  ahora!... 
Estoy  agitada.  — Trémula... 
no  sé  . . 

No  seas  miedosa! 


-  53  - 

Estoy  á  tu  lado.— Todos 

vendrían  á  una  voz  sola... 
Nella.     No  insistas. 
Fern.  Te  lo  suplico! 

Nella.     No  recuerdo... 
Frrn.  La  más  corta. ..' 

cualquiera.— Yo  te  prometo, 

no  traer  á  tu  memoria 

jamás  de  mi  amor  perdido 

otra  página  enojosa. 
Nella.     Como  quieras. 

Fí-RN.  (Ah,  respira!   (Á  su  corazón) 

I      que  vas  á  vengarte  ahora.) 


MÚSICA. 

Nella.  Entre  el  aura  calina 

que  el  primer  año 

la  vio  nacer, 
vuelve  la  golondrina 
todos  los  años 
su  nido  á  hacer: 

dejadla  ir, 
que  para  hacer  el  n:do 
no  tardará  en  venir. 

Fern.  (La  debe  oir, 

y  el  infame  á  quien  odio 
no  tardará  en  venir!) 

Nella.  Ya  entre  los  tomillares 

se  siente  el  soplo 

primaveral, 
y  vienen  á  millares 
las  golondrinas 
cruzando  el  mar! 
Ya  están  ahí; 
yo  veré  á  sus  hijuelos 
que  han  de  nacer  aquí. 

Frrn.  (Ya  estará  ahí; 

su  sangre  gota  á  gota 
voy  á  verter  aquí! 

(Sigue  la  orquesta  piano.) 


o4  — 


HABLADO. 

Ferv.      (Una  barca!  ¡es  él!)  Ah  Nella! 
toma,  lee,  comprende  ahora 

toda  mi  rabia!  (La  entrega  las  tablas  de  marfil.. ) 

Nei  la.  Qué  es  esto! 

Fern.  Lee  y  que  Dios  le  socorra! 
Nella.     «Una  canción  tuya  sea  (Leyendo.) 

»la  señal  de  que  estás  pronta.... 

»y  huyo  contigo  y  perdono...» 

Ah!  todo  lo  entiendo  ahora! 

(Carlos  baja  de  «na  barca  y  se  adelanta:  Ferna  n  do 
se  ha  escondido,  y  al  c cercarse  Carlos  á  Nella,  se 
presenta  con  el  arpón  en  la  mano;  ella  da  un  atrito 
y  se  interpone  entre  los  dos.  Nasoni  aparece  en  ia 
montaña,  y  baja  con  rapidez  en  silencio.) 

ESCENA  Xin. 

NFLLA,  FERNANDO,  CARI  OS,  NAS^NI. 

Carlos.    Nella! 
Fern.  Miserable! 

Nella.  Ah! 

Carlos.    Un  lazo! 
Fern.  Defiéndete! 

Carlos.   Suelta. 

Nella.  Carlos!  (Mátame!)  (Á  Femando.) 

Fern.      Su  muerte  me  vengará! 
Caríos.   Sabes  quién  soy? 
Fern.  Qué  me  importa? 

Carlos.    Sabes  que  á  una  seña  mia 

alumbrará  el  nuevo  dia 

tu  muerte! 
Nella.  Mi  voz  te  exhorta!! 

Huyamos! 
Fern.  Razonas  mucho: 

ven  conmigo.  (Á  Neiu.) 
Caríos.  No  ha  de  ser! 

dame  pronto  á  esa  mujer. 

Soy  Carlos  de  Fox! 
Fern.  Qué  escucho! 


-  55  - 

Dios!  El  hijo  del  virey! 
Garlos.    Sí...  en  mis  manos  tengo  ya 

tu  vida  y  nadie  podrá 

desobedecer  mi  ley!... 

Al  ahogar  la  rebelión  (Toca  la  bocina.) 

sucumbes  y  Nella  es  mia! 
Nasoni.    Sujetadle!  todavía 

es  temprano! 
Carlos.    -  Maldición! 

(¡Vasoni  arranca  la  bocina  de  la  ma.io  de  Cáilos  y 
salta  sobre  una  roca.  Da  otro  toque  con  ella  mientras 
Fernando  sujeta  á  Carlos  del  brazo  y  le  quita  la  es- 
pada.— Todos  los  Pescadores  acuden.  Nella  eslá  de 
rodillas.) 


ESCENA  XIV. 


DICHOS,   NASOM,  PESCADORAS  y  PESCADORES. 


CANTO. 


Pescadores  y  Pescadoras. 

Qué  ocurre!  qué  pasa! 

Firn.  Amigos,  venid! 

El  cielo  protege 
á  nuestro  país! 
Sus  tropas  nos  dejan, 
les  di  la  señal. 
Quién  es  ese  hombre? 

(Ap.  á  Fernando.) 

(Oh!  cielos...  Piedad!) 

Un  prisionero, 

un  militar. 
Que  muera!...  que  muera! 

Villanos,  atrás! 
Yo  soy,  y  no  lo  oculto, 

el  hijo  del  virey, 
matadme,  de  ese  modo 

tan  sólo  venceréis! 
Su  muerte! 

(Á  Fernando.)  (Sí  Un  acero 


Nvsow. 

Todos. 
Nella. 

Ff,r;V. 

Todos. 
Carlos. 


Todos. 
Nella. 


Fern. 

Tonos. 

Fern. 


-  p  — 

se  acerca  nada  más, 
yo  caigo  á  tus  pies  muerta.) 

(Arrancando  el  puñal  á  Fernando.) 


Atrás! 


Su  muerte! 


Atrás! 


No  es  matando  á  un  hombre  inerme 

como  debe  combatir 

el  que  tiene  en  su  derecho 

libertad  y  porvenir. 

Quede  libre!  yo  lo  mando! 

cruce  alegre  el  ancho  mar, 

mientras  todos  combatimos 

por  la  santa  libertad! 
Carlos.       (Otra  vez  libre  me  veo 

y  me  puedo  defender, 

yo  sabré  arrancarte  astuto 

el  amor  de  esa  mujer!) 
Neí.la.         (¡Santa  Virgen  de  los  cielos, 

de  mi  llanto  ten  piedad, 

da  la  vida  al  bien  que  adoro, 

y  á  mi  patria  libertad.) 
Pescs.  En  Palermo  nos  esperan; 

la  victoria  es  nuestra  ya... 

peleando  conquistemos 

nuestra  santa  libertad! 
Coro  de  mujeres. 

Vuestros  hijos  os  aguardan; 

con  empeño  pelead; 

devolved  á  nuestra  patria 

su  querida  libertad! 


Carlos. 

Al  mar! 

Fern. 

(a  Les  Pescadores.) 

Al  mar! 

Nella. 

Al  mar! 

Todos. 

Al  mar! 

(Antes  de  que  se  retiren  cae  el  telón.) 

FIN    DEL    ACTO    SEGUNDO. 


ACTO  TERCERO 


La  Plaza  de  Catánia. — En  primer  término,  á  la  dere- 
cha, el  palacio  del  Gobernador  con  puerta  en  el  ter- 
cer bastidor  y  dos  centinelas. — Á  la  izquierda  gran- 
des edificios. — Delante  de  ellos  una  columna  con  una 
estatua. — En  el  foro  vasas  de  piedra  concadenas,  que 
figuran  cerrar  el  muelle. — El  mará  lo  lejos,  y  er 
lontananza  montañas  elevadas. 


ESCENA  PRIMERA. 

Musirá  en  la  orquesta.  De  todas  las    avenidas  van   saliendo  pes- 
cadores con  las  capuchas  echadas  mientras  se  levantan  otros  que 
están  tumbados  al  lado  del  muelle. 

MÚSICA. 

Arriba,  muchachos, 
que  el  dia  cae  ya 
y  están  los  pescados 
saltando  en  el  mar! 

LOS  DEL  MUELLE. 

Muchachos,  arriba, 
ved  que  es  tarde  ya 
y  es  mucha  la  pesca 
y  está  quieto  el  mar! 
En  la  fortaleza. 

Centinela,  alerta! 


58  - 


Otro  mas 

lejos. 

Alerta  está! 

Otko  mas. 

Alerta  está! 

(Todos  reunidos  on  el  foro.) 

Unos. 

Quién  va! 

Otros. 

Mascali. 

Unos. 

Tarento  está. 

Uno. 

¿Y  Nicolosi? 

Otro. 

Pronto  vendrá! 

Uno. 

Y  el  santo  y  seña? 

Otro. 

Patria  y  San  Juan! 

En  la  fortaleza. 

Centinela,  alerta! 

Otro  mas 

LEJOS. 

Alerta  está! 

Otüo  mas 

Alerta  está! 

Arriba,  muchachos, 

el  diacae  \\a 

y  están  los  pescados 

saltando  en  el  mar! 

La  noche  es  de  pesca, 

y  dice  el  refrán, 

borrasca  en  el  cielo 

gran  pesca  en  el  mar! 
En  la  fortaleza. 

Centinela,  alerta! 
Otro  mas  lejos. 

Alerta  está! 
Otro  mas.      Alerta  está! 

(Los  pescadores  se  van  por  el  último  término  de  la 
izquierda.  Por  el  primero  del  mismo  lado  salen  Isa- 
bel, Carlos  y  el  Capitán.) 


ESCENA  H. 

ISABEL,    CARLOS,    CAPITÁN. 
HABLADO. 

Isabel.     Nunca  estuvo  la  ciudad 


-  m  - 

más  tranquila  y  más  contenía. 
Garios.   Guarda  el  mar  entre  sus  olas 

la  tempestad  que  se  ncerca. 
Cap.        Por  qué  no  lo  decís  claro 

si  tenéis  más  que  sospechas? 
Carlos.    ¡Ay  de  ellos  si  pruebas  logro! 
Isabel.     Carlos,  tengamos  clemencia 

por  si  un  día  nos  conviene 

que  de  nosotros  la  tengan! 
Carlos.    Á  un  pueblo  por  fuerza  esclavo 

hay  que  gobernar  por  fuerza; 

que  al  vencedor  que  se  duerme 

el  vencido  le  despierta. 
Isabel.     ¿Os  enseñan  tales  máximas 

en  vuestras  largas  ausencias? 
Cap.        Es  verdad!  Anoche  mismo 

prometisteis  que  de  vuelta 

estaríais  muy  temprano 

y  toda  la  noche  en  vela 

hemos  esperado! 
..Isabel.  El  alba 

apuntaba... 
Carlos.  Muy  expuesta 

tuve  mi  vida. 

ISABEL.      (Con  ansiedad.)    Qué? 

Cap.  Cómo? 

Carlos.  Víctima  de  una  sorpresa 

me  vi  amenazado...  envuelto. 

Cap.        Sin  vos  volvieron  las  fuerzas 
que  mandabais... 

Carlos.  Perdonaron 

mi  vida,  sin  ver  que  en  ella 
estribaba  de  su  triunfo 
la  seguridad  completa. 

Isabel.     De  un  noble  á  Francia  vendido 
corre  sangre  por  mis  venas; 
en  vos  que  odiáis  á  mi  patria 
mi  alma  enamorada  piensa. 
Pero  si  Sicilia  rompe 
su  vergonzosa  cadena 
y  vierte  toda  mi  sangre 
v  mata  mi  amor  con  ella 


-  60  — 

y  su  libertad  recobra, 
bendita  mi  patria  sea! 

Carlos.    Si  sois  mi  enemiga,  entonces 

¿por  qué  vuestra  alma  se  empeña 
en  que  os  consagre  mi  vida, 
tan  distinta  de  la  vuestra? 

Isabel.     Vil  es  quien  no  quiere  al  sol 

que  alumbró  su  edad  más  tierna; 

miserable  es  quien  olvida 

la  blanda  menuda  arena 

que  en  sus  juegos  infantiles 

alfombra  á  sus  plantas  era; 

é  infame  es  quien  en  su  alma 

el  recuerdo  no  conserva 

del  templo  en  que  con  su  madre 

oyó  la  oración  primera. 

Nuestra  unión  era  á  mis  ojos 

segura  y  hermosa  prenda 

de  dicha  para  Sicilia, 

de  paz  para  mi  existencia; 

pero  si  en  igual  balanza 

mi  patria  y  amor  se  pesan, 

morirá  mi  amor  mil  veces 

por  grande  que  mi  amor  sea! 

Carlos.   Bien  hacéis;  así  más  libre 
tal  resolución  me  deja 
de  buscar  en  la  venganza 
satisfacción  de  mi  ofensa. 

Isabel.     Ciego  estáis!... 

Carlos.  Aún  de  mi  padre 

las  órdenes  que  se  esperan 
no  han  llegado. — Vuestro  tio, 
que  manda  en  la  fortaleza, 
•  sabe  como  yo  lo  grave 
del  peligro  que  nos  cerca. 
Anunciadle,  capitán,  (MCapitan.) 
que  estoy  há  tiempo  de  vuelta     . 
y  que  necesito  verle 
en  el  acto. 

Isabel,     (á  Carlos.)  (Antes  quisiera 
hablaros  á  solas,  Carlos.) 

Carlos,   (ai  Capitán.)  Id!...  (Á  Isabel.)  Os  oigo! 


-  (rí   - 
ísabel.  (Estoy  resuelta!) 

í  El  Capitán  entra  en  el  palacio.) 

ESCENA  III. 

ISABEL,  CARLOS. 

Isabel.     Dicen  que  los  italianos 

no  tienen  la  fama  vuestra 
,  para  respetar  palabras 
ni  para  cumplir  promesas; 
afirman  que  los  que  tienen 
sangre  española  ó  francesa, 
no  manchan  con  la  mentira 
su  corazón  ni  su  lengua; 
con  la  mano  en  vuestro  pecho, 
con  Dios  en  vuestra  conciencia, 
responded  á  mis  preguntas 
y  contestad  á  mis  quejas. 

Cahlos.   Preguntad  cuanto  os  agrade, 
que  yo  os  juro  dar  respuesta 
con  la  verdad  en  mis  labios 
y  con  Dios  on  mi  conciencia. 

Isabel.     ¿Es  cierto  que  de  Sicilia 
la  santa  ludia  se  acerca? 

Carlos.    Pedro  de  Aragón  pretende 
dejar  á  Francia  sin  ella; 
no  son  los  nobles  vendidos 
á  la  invasión  extranjera 
ios  que  la  causa  del  pueblo 
a  feluz  término  llevan; 
es  el  mismo  pueblo  solo 
abandonado  á  sus  fuerzas, 
el  que  una  señal  aguarda 
para  empezarla  pelea 
Palermo  y  Messina  á  miles 
los  sediciosos  encieran... 
y  toda  la  costa,.,  toda! 
hierve  en  aprestos  de  guerra. 

Isa  he  ¡ .     Si  el  pueblo  á  luchar  se  lanza 
y  ni  un  solo  punto  os  deja 
donde  de  la  Francia  altiva 


—   62  — 

pueda  hondear  la  bandera, 
¿qué  pensáis  hacer?... 
Cáulos.  En  tanto 

que  vida  y  aliento  tenga, 
luchar  en  pro  de  mi  patria 
y  encontrar  en  esta  tierra 
tumba  para  mi  cadáver 
ó  victoria  para  ella! 
Isabel.     Aunque  del  virey  sois  hijo 
nada  á  pelear  os  fuerza, 
ni  podréis  ser  responsable, 
Carlos,  de  lo  que  suceda. 
Libre  sois;  esta  es  mi  mano, 
y  al  ir  á  unirla  á  la  vuestra 
os  doy  vuestra  salvación 
y  mi  inmenso  amor  con  ella! 
Huyamos,  Carlos,  huyamos; 
dicha  y  amor  nos  esperan, 
locos  son  los  que  en  el  mundo 
sin  dicha  y  amor  se  quedan. 
Cutí  os.    Comprendo  perfectamente 
vuestra  generosa  oferta, 
pero  si  al  verme  vencido 
aceptar  fuera  prudencia, 
hoy  indigna  cobardía 
tan  torpe  conducta  fuera. 
Si  es  inútil  oponerse, 
Isabel,  á  nuestra  estrella, 
dejad  correr  nuestra  vida 
por  dos  diferentes  sendas. 

Isabel      ¡Es  hermosa  la  que  os  brindo  . 
y  es  mortal  tal  vez  la  vuestra! 

C  víaos.    Si  es  que  me  amáis... 

Isabel.  Y  aún  lo  duda! 

Caiu.os.    Venid  á  encontrarme  en  ella... 

Isabel.     Así  será... 

Caklos.  Dios  os  guarde... 

Is\be  .     (Cómo  salvarle  pudiera?j 

(En liando  on  el  palacio  , 


ESCENA  IV 

CÁ'.LOS. 

Su  ciego  amor  no  comprende 
que  á  mi  alma  otro  afecto  ciega, 
y  que  por  lograrle  todo 
me  importa  poco  en  la  tierra. 
Cuando  esta  noche  la  sombra 
su  tupido  manto  extienda, 
mis  soldados  en  Mascali 
entrarán  de  grado  ó  fuerza. 
Todos  los  que  anoche  osaron 
amenazar  mi  existencia, 
caerán  á  mis  pies,  y  entonces 
ay  de  todos,  y  ay  de  Nella! 


MÚSICA 

Su  imagen  hechicera 
trastorna  el  alma  mia; 
la  mira  por  do  quiera 
mi  loca  fantasía: 
enciende  más  mi  fuego 
su  intrépido  rigor, 
y  es  hoy  el  que  me  abrasa 
incendio  asolador. 

Por  ella  de  mi  vida 
perdí  la  grata  calma; 
por  ella  en  sed  de  sangre 
ardiendo  está  mi  alma; 
ni  paz  para  un  pueblo, 
ni  tregua  á  su  dolor, 
á  monos  que  no  apague 
mi  incendio  abrasador. 

isc  por  ¡a  |  uerta  del  palacio.) 


64 


ESCENA  Y. 

NELLA,    NASOM,    disfrazados,    la  primera  de    pescador  y  el  se- 
gundo de   fraile. 

HABLADO. 


Nasoni. 
Nella. 

Nasom. 
Neela. 
Nasom. 
Nelea. 


Nasom 
Neeea. 


Nasom. 
Neela. 

Nasoni. 


Nei.la. 

Nasom. 


Aquí  es! 

Entra  en  palacio. 
Pero,  y  si  entrar  no  me  dejan? 
Va  sabes,  «San  Juan  y  patria.» 
Bien.  Y  qué  hago  luego? 

Llegas 
á  donde  alguno  te  guie; 
preguntas  por  la  condesa 
Colona,  y  sólo  á  ella  misma 
este  pergamino  entregas. 
Espero... 

Sí;  de  seguro 
al  momento  que  le  lea 
querrá  seguirte!... 

Tú  aguardas., 
En  este  sitio! 

Oye,  Nella: 
pase  lo  de  los  disfrace;:.; 
aunque  sé  que  si  nos  pescan 
á  tí  por  mujer  te  libran 
y  á  mí  por  fraile  me  cuelgan. 
Pase  de  esta  escapatoria 
Ja  dudosa  peripecia, 
mientras  ios  nuestros  conspiran 
y  los  enemigos  velan. 
Pero  el  venir  á  meterse 
en  la  misma  madriguera 
donde  el  lobo  nos  aguarda 
eso  no  pasa  ni  cuela. 
Es  preciso! 

Pero  entonces, 
de  qué  sirvió  que  yo  fuera 
el  que  os  di  la  vida  á  todos 
tocando  ayer  la  trompeta? 


65 


Te  digo  que  eso  no  pasa, 
que  este  paso  no  me  alegra; 
que  aquí  venimos  de  paso 
á  este  paso  de  tragedia; 
que  nos  pasan  sin  remedio 
si  nuestro  paso  sospechan, 
por  andar  en  malos  pasos 
los  que  aquí  al  paso  nos  vean; 
que  si  tú  por  todo  pasas 
á  mí  este  paso  me  aterra; 
marchémonos  paso  á  paso 
y  que  pase  lo  que  quiera. 

Nella-    Retroceder  no  podemos. 

Nasoisi.    Yo  sí...  tengo  buenas  piernas, 
y  aunque  cortas,  todavía 
puedo  correr  media  legua. 

Nella.     Es  fuerza  que  yo  hable  al  punto 
á  esa  dama! 

Nasoisi.  Acaso  intentas 

descubrir  á  los  franceses 
el  plan  de  los  tuyos? 

Nella.  Cesa, 

Nasoni;  antes  de  venderlos 
el  cielo  arranque  mi  lengua. 
Yo  como  tú  tengo  patria, 
y  es  Sicilia;  nací  en  ella, 
y  su  libertad  ansio 
y  su  bienestar  me  alegra. 
No  vengo  á  haceros  traición, 
pero  déjame  que  venga 
á  pagar,  mal  que  me  pese, 
de  gratitud  una  deuda! 
Sangre  inocente  en  la  lucha 
se  ha  de  derramar  por  fuerza; 
yo  no  quiero  que  esa  sangre 
caiga  sobre  mi  cabeza! 

Nasoisi.    Á  salvar  vienes  tal  vez 

á  algún  vil  que  nos  acecha! 

Nella.     Es  una  mujer! 

Nasoni.  (convencido.)  Bien  haces! 
Dios  nos  la  depare  buena! 
Yov. 


(Se  dirige  á  la  puerta  del  palacio  y  dice  al  centinela.) 

(Tengo  un  miedo  terrible!) 
(Huí!)  «San  Juan  y  patria!» 
Neiíi.a.  (Entra!) 

(Nasoni  entra  en  el  palacio.    Nella    queda   sola  en  la 
escena.) 

Ahora  que  mi  afán  consigo, 
por  qué  mi  alma  duda  y  tiembla? 
Viere  gente!  Oh!  Dios,  son  ellos! 
Fernando...  que  no  me  vean! 

(Se  esconde,  mientras  Fernando  entra  per  la  izquier- 
da con  dos  pescadores.) 

ESCENA  VI. 


FERNANDO,  dos    PESCADORES,  NELLA  escondida. 

Kerñ.       Disimulad! 

Uno.  Ya  han  llegado 

todos... 
Fern.  La  hora  se  acerca. 

Si  en  Palermo  han  conseguido  ' 

contra  las  tropas  francesas 

la  victoria,  encenderán 

allí  la  primera  hoguera, 

y  de  montaña  en  montaña 

aquí  llegará  la  nueva, 

si  vemos  desde  esta  plaza 

arder  la  cima  de  Etna. 

En  dos  horas  la  noticia 

cruzará  Sicilia  entera 

si  su  libertad  conquista 

á  la  luz  de  esas  hogueras. 
Uno.        Y  nosotros? 
Fern.  Si  la  vemos, 

al  grito  santo  de  guerra 

caemos  como  un  torrente 

sobre  hs  escasas  fuerzas      , 

del  palacio,  y  si  es  preciso 

se  incendia  la  fortaleza. 

Mas  si  en  el  volcan  callado 

la  santa  luz  no  se  eleva > 


—  67  — 

al  rayar  el  dia  damos 

á  nuestras  playas  la  vuelta! 
Uno.        Aquí  es  la  cita! 
Fern.    .  Aquí  mismo. 

Uno.        Separémonos! 
Ferjí.  Prudencia! 

(Fernando  se  va  por  la   izquierda:    los  olios  por    la 
derecha.  Nella  vuelve  á  salir.) 

ESCENA  VIL 

NELLA. 

Oh!  no  hay  remedio,  caerían 
á  sus  golpes  sin  defensa 
Jos  dos  seres  que  el  deslino 
de  mi  corazón  aleja! 
Si  los  perdí  para  siempre, 
si  amor  y  amistad  se  llevan, 
dejen  en  mi  alma  afligida 
de  su  salvación  la  prueba. 

ESCENA  VIH. 

NELLA,  ISABEL,  NASONI,  por  el  palacio. 

Isabel.     ¡Adonde  está  quien  te  envia?  (Á  Nasoni,) 
Nasoni.    Aquí  la  he  dejado!  Vedla! 
Isabel.     Nella!  Tú  y  en  ese  traje? 
Neíla."    Me  importa  estar  encubierta! 

Nasoni — eres  libre! 
Nasom.  Gracias! 

(Por  tí  expuse  mi  pelleja, 

Ellos  exponen  la  suya!) 
Nella.     (No  seré  yo  quien  los  pierda!  (ají;  ios  .ios.) 
Nasóni.    Irás  á  buscarlos? 
Nella.  Luego! 

¡Ni  una  palabra  siquiera! 
Nasom.    Convenido. 
Nelia.  Adiós 

NASONI.      DCO  gracias!  (Á  Isabel  con   voz     fingida) 

— (Ve  que  es  tarde,  y  que  te  esperan. ) 


Isabel.    Adiós,  padre! 

Nasoni.  Con  el  tiempo! 

(si  me  da  su  mano  Andrea.) 

Por  si  ó  por  no...  lo  mejor 

es  que  Fernando  lo  sepa: 

si  no  me  expongo  á  perder 

la  capucha  y  las  orejas.) 

(Se  va  por  la  izquierda.) 

ESCENA  IX    ' 

NELLA,  ISABEL. 

Isabel.     ¿Por  qué  á  verme  no  has  entrado? 

Tu  alma  mi  cariño  sabe! 
Nella.    Porque  esta  entrevista  es  grave 

y  tengo  el  tiempo  tasado. 

Yo  nunca  podré  olvidar 

que  vos,  ilustre  señora, 

á  esta  pobre  pescadora 

consuelo  supisteis  dar. 

Que  vuestra  amistad  sincera 

quiso  endulzar  mis  enojos 

y  que  brilló  en  vuestros  ojos 

una  lágrima  hechicera. 

Yo  juré  pagaros  fiel 

la  amistad  que  os  merecí; 

ese  era  un  deber  en  mí 

y  hoy  vengo  á  cumplir  con  él. 
Isabel.     Habla! 

NELLA.  Yo!  (Turbada.) 

Isabel.    (Después  de  una  pausa.)  Por  qué  tu  acentf 

que  escucho,  enmudece  ahora? 
Nella.    Es  que  antes  de  hablar,  señora, 

necesito  un  juramento! 
Isabel.     Di! 
Nella.        ¿Juráis  por  esa  luz 

que  aún  en  los  cielos  miráis 

guardar  secreto?  ¿Juráis 

por  el  árbol  de  la  Cruz, 

no  revelar  en  la  tierra 


á  nadie  una  frase  mia 
aun  estando  en  la  agonía? 

Isabel.    Si  en  mí  el  secreto  se  encierra 
que  guarda  tu  pecho,  juro 
no  revelarle  jamás. 
Habla,  no  vaciles  más, 
en  tí  no  está  más  seguro! 

Nella.    Si  de  su  revelación 

dependiera  en  un  instante, 
la  vida  de  vuestro  amante, 
vuestra  propia  salvacon... 

Isabel.    Juro  no  decir  jamás 
tu  secreto. 

Nella.  Bien  hacéis! 

Isabel.    Habla! 

Nella.  Oid,  cerca  del  muro 

que  ciñe  vuestro  palacio 
hay  un  reducido  espacio 
entre  las  sombras  seguro. 
Es  la  pequeña  escalera 
que  al  mar  le  sirve  baila; 
en  ella  amarrada  se  halla 
una  barquilla  ligera. 
Antes  que  se  acabe  el  día 
con  un  silencio  profundo, 
cuanto  améis  más  en  el  mundo 
que  esté  en  la  barca:  es  la  mia; 
el  pescador  que  está  en  ella 
los  riesgos  sabrá  burlar 
y  llevaros  á  alta  mar 
al  brillar  la  última  estrella. 

Is  abel.    ¿Pero  qué  peligro  horrible 
que  me  ocultas  amenaza 
á  los  mios  y  á  mi  raza? 

Nella.     Lo  que  creéis  imposible. 
En  calma  está  la  ciudad 
y  es  su  silencio  engañoso: 
hoy  un  pueblo  poderoso 
conquista  su  libertad. 
Huid  si  estimáis  la  vida... 
pero  pronto...  sin  demora... 
antes  que  llegue  la  hora 


-  70  - 


por  los  mios  convenida. 
Creed  que  los  sicilianos 
si  se  ven  al  fin  vencidos, 
á.todo  están  decididos 
por  vengar  á  sus  hermanos. 
Harán  á  los  vuestros  trizas, 
y  aunque  Francia  los  venciera, 
mañana,  Sicilia  entera 
será  un  montón  de  cenizas. 

Isabel.    Oh!  sí!  yo  haré  por  salvar 
á  Golona  aunque  no  quiera. 

Nella.     Huid! 

Isabel.  Mas  de  qué  manera? 

Nella.     No  hay  más  camino  que  el  mar. 

Isabel.    Temiendo  la  rebelión, 

¿cómo  han  de  partir  de  aquí? 

Nella.    Dadle  un  falso  aviso. 

Isabel.  Oh!  sí!... 

Nella.     Afirmad  que  es  la  ocasión 
de  sorprender  descuidados 
á  los  que  el  grito  darán 
en  la  falda  del  volcan. 

Isabel.     Sí!... 

Nella.  Y  una  vez  embarcados 

podéis  salvar  vuestra  vida, 
mientras  en  balde  se  lanza 
á  conseguir  su  venganza 
nuestra  plebe  enfurecida... 

Isabel.     Ese  falso  aviso,  si... 

Nella.     Salvaos,  señora... 

Isabel.  Oh! 

¿cómo  te  pagaré  yo 
lo  que  hoy  has  hecho  por  mí? 

Nella.     Fácilmente! 

Isabel.  Di! 

Nella.  Señora, 

un  hombre  á  quien  salvar  quiero. 
Te  fio!  Es  un  extranjero... 
Isabel.     Su  nombre... 

Nella.     v  Mi  alma  le  adora. 

Olvido  el  terrible  estrago 
que  en  el  alma  por  él  llevo; 


sólo  lágrimas  le  debo, 
y  con  salvarle  le  pago. 

Isabel.    Juro  salvarle...  su  nombre? 

Nella.     Carlos  Fox. 

Isabel.     (Sorprendida.)  Repítele. 

Nella.     Carlos  Fox. 

Isabel.     (Con  ira.)      Calla! 

NELLA.      (Admirada.)  No  sé 

que  hay  en  eso  que  os  asombre! 
Isabel.     Es  ese  hombre  el  de  la  historia 

que  me  contaste  en  tu  aldea? 
Nella.     Descuidad,  aunque  lo  sea, 

ya  no  existe  en  mi  memoria. 
Isabel.     Por  qué  turbas  mi  reposo? 
Nella.     ¿Qué  hay  en  eso  que  os  espante? 
Isabel.     Ese  tu  olvidado  amante 

es  mi  prometido  esposo! 


MÚSICA. 

Nella.  Oh!  Dios!  qué  oí! 

Isabel.  Ese  hombre  era  tu  amante! 

Nella.  Yo  suya  nunca  fui. 

Le  amé  sin  esperanza, 
y  de  él,  señora,  huí 
el  día  que  en  sus  labios 
su  nombre  descubrí. 
Mi  pecho  será  siempre 
sepulcro  de  mi  amor, 
que  aun  para  hacerle  vuestro 
salvarle  quiero  yo. 
Isabel.  Tu  imagen  le  apartaba, 

ingrato,  de  mi  fe, 
y  aleve  retardaba 
)a  dicha  que  soñé. 
Vencerme  generosa 
hoy  quiere  aquí  tu  amor; 
no  sea  suya  nunca 
ninguna  de  las  dos. 


—  72 


Nella. 

Tienda  la  noche 

su  oscuro  manto, 

y  de  Sicilia 

huid  con  él. 

Sed  venturosos, 

que  yo  aquí  sola 

mis  tristes  sueños 

olvidaré. 

SABEL. 

Cuando  la  noche 

tienda  su  manto, 

yo  de  estos  sitios 

le  alejaré. 

En  salvo  y  libre 

dichoso  sea, 

que  yo  á  tu  lado 

sufrir  sabré. 

Nella  . 

No  tal,  no  tal. 

Isabel. 

No  has  de  ser  tú  más  noble 

que  tu  rival. 

Las  dos. 

Tienda  la  noche,  etc. 

Isabel. 

Cuando  la  noche,  etc. 

ESCENA  X. 


DICHAS,  NASONI,  corriendo  por  la  derecha. 


HABLADO. 


Nasoni. 

Nella. 
Isabel. 

Nasoni. 


Nella. 

Nasoni. 


Pronto,  Fernando  me  sigue 
y  va  á  descubrir  el  lio. 
Qué  dice? 

Quién  es  este  hombre?* 
Un  pobre  fraile  postizo 
con  más  miedo  que  vergüenza, 
que  morirá  en  este  sitio 
de  un  trastazo  de  los  vuestros 
ó  de  una  coz  de  los  mios! 
Vamos! 

Escóndete  al  menos; 
si  te  vé  somos  perdidos... 


—  75  — 

yo  tal  vez  pueda  escaparme! 
Isabel.     Dice  bien...  ven! 
Nella.  Es  preciso 

que  me  reúna  con  ellos. 

El  tiempo  vuela! 
Isabel.  Aquí  mismo 

saldrás,  cuando  no  te  espíen. 
Nasoni.    Yo  vendré  por  tí...  Ay  Dios  mió! 

(Mirando  por  la  derecha.) 

Él  es!... 
Nella.  Un  momento  sólo! 

ISABEL.      Sí,  Ven!    (Las  dos  entran  en  el  palacio.) 

Nasoni.  (Dominus  vobiscum.) 

(Rezando  entre  dientes.) 

ESCENA  XI. 

FERNANDO,  NASONI. 

Al  ir  á  marcharse  Nasoni    por  la   derecha,  Fernando  le  detiene. 


Fern. 

Quieto! 

Nasoni. 

Hermano...  Dios  le  guarde! 

(Echándose  la  capucha  y  disfrazando  la  voz.) 

Fe  un. 

Quién  te  ha  dado  ese  vestido? 

Nasoni. 

Yo!... 

Fern. 

Qué  te  trae  á  esta  plaza? 

Nasoni. 

Pero,  señor,  quién  le  ha  dicho?... 

Fern. 

Dónde  está  Nella! 

Nasoni. 

Yo  ignoro!... 

Fern. 

No  mientas.— Há  que  te  sigo 

media  hora. 

Nasoni. 

Qué  demonio! 

(Descubriéndose  y  con  fingida  alegría.) 

no  te  habia  conocido! 

si  antes  me  hubieras  llamado! 

Y  qué  tal?  va  bien? 

Fern. 

Resisto 

mal  mi  cólera!  habla  pronto! 

Acaso  vienes,  inicuo, 

á  vender  al  extranjero 

la  vida  de  tus  amigos? 

—  74  - 

Nasoni.    Poco  á  poco!  Yo  soy  feo! 

yo  soy  tonto!  convenido! 

Yo  soy  cobarde — conformes! 

soy  necio — lo  mismo  opino! 

pero  ni  soy  un  tunante 

ni  un  traidor...  Anoche  mismo 

os  salvé  á  todos!  y  antes 

que  vender  en  el  peligro 

á  quien  su  amigo  me  llama, 

me  dejo  desollar  vivo! 
Fern.      Qué  haces  aquí  entonces!  Habla! 

qué  es  de  Nella! 
Nasoni.  Con  suspiros, 

con  lágrimas  y  con  ruegos, 

este  traje  vestir  me  hizo; 

la  he  acompañado  al  palacio; 

allí  está  ahora! 
Feun.  Dios  mió! 

tanto  el  amor  le  ha  cegado 

que  habrá  á  Palacio  venido 

para  entregarnos  á  ese  hombre! 
Nasoni.    Como  injusto  eres  conmigo, 

serás  con  ella!... 
Fern.  Cuál  puede 

ser  entonces  su  designio? 

Ama  al  hijo  del  virey, 

al  que  ayer  por  ella  dimos 

libertad  y  vida!  ¡Cómo, 

imbécil,  no  has  comprendido 

que  para  salvarle  tiene 

por  fuerza  que  descubrirnos? 
Nasoni.    Es  imposible!  Ella  misma 

me  lo  ha  jurado... 
Fern.  Ah!  te  ha  dicho?.. 

Nasoni.    Sí;  que  me  tiara  de  ella! 
Fern.      Créela!...  estamos  vendidos! 

¡Maldito  el  hombre  que  necio 

fia  á  un  pecho  femenino 

secretos  de  honra  y  de  patria, 

y  débil  pone  el  cariño 

en  mujer  que  amando  á  otro  hombr 

da  su  deber  al  olvido! 


-  75 


Nasoni. 

No  puede  ser— tú  te  engañas, 
ella  es  buena! 

Fern. 

Ven  conmigo! 
huyamos  de  aquí! 

Nasoni. 

Y  la  dejas?... 

Fern. 

Si  es  su  proceder  indigno 
antes  cortaré  mi  lengua 
que  escuche  el  acento  mió. 
Ahora  Sicilia  nos  llama, 
cúmplase  nuestro  destino! 

Nasoni. 

Hágase  tu  voluntad! 
yo  ya  sé  cuáles  el  mió! 

Fern. 

Cuál? 

Nasoni. 

Ser  el  primer  patriota 
á  quien  rompan  el  bautismo! 

Ah!  mírala!  (Viendo  salir  á  Nella  de  palacio.) 

Fern. 

Quieto — deja   .. 
que  salga— venganza! 

(Retirándoee  al  foro  con  Nasoni  sin  que  ella  los  vea 

.) 

Nasoni. 

Juicio! 

ESCENA,  XII 


FERNANDO,  NELLA,  NASONI. 


Nella.    Colona  y  él  irritados 
al  creer  el  falso  aviso 
de  que  en  Mascali  esta  noche 
dan  de  rebelión  el  grito, 
salvarán  en  alta  mar 
sus  vidas:  ¡gracias,  Dios  mió! 
Sálvese  su  vida  al  menos 
ya  que  su  amor  he  perdido! 

(AI  ir  á  salir  por  la  derecha  Fernando  la  detiene. 

Fern.      Detente,  Nella! 

Nella.  Fernando! 

Fern.      Eres  tú  misma? 

Nella.  (Ay  de  mí!)  (Turbada.) 

Fern.      De  dónde  vienes  así, 

sola,  pálida  y  temblando? 

La  que  á  su  patria  aborrece 

y  la  que  su  nombre  infama, 


-  76  - 

¿dime  tú  cómo  se  llama 
y  qué  castigo  merece? 
Por  qué  llevas  á  tu  frente 
para  borrar  tu  delito 
en  roja  vergüenza  escrito 
tu  pálida  mano  ardiente? 
Dime,  si  no  te  da  enojos 
tu  conciencia  avergonzada, 
¿por  qué  escondes  tu  mirada 
de  los  rayos  de  mis  ojos? 
¿Dime,  Nella,  á  qué  has  venido; 
dime  quién  te  ha  aconsejado, 
y  dime  cuánto  te  han  dado 

(Cotí  desprecio.) 

por  la  sangre  que  has  vendido? 

NELLA.      Oh!  (Cubriéndose  el  rostro  cotilas  manos.) 
NaSON!.  Femando!  (Conteniéndole.) 

Fern.  ¡Ven  aquí, 

(Cog-iéndola  del  brazo.) 

miserable,  á  quien  ni  un  dia 
mi  pobre  madre  queria 
dar  menos  besos  que  á  mí! 
Infame,  á  quien  neciamente 
dimos  pan,  familia  y  lecho 
y  escondida  en  nuestro  pecho 
lo  mismo  que  una  serpiente 
revivió  á  nuestro  calor, 
se  adormeció  en  nuestro  hogar, 
y  hoy  nos  clava  al  despertar 
su  diente  envenenador! 
Bien  has  hecho  en  esconder 
hoy  tu  femenil  vestido, 
¡tal  crimen  nunca  ha  cabido 
en  entrañas  de  mujer! 

Nella.    Loco  y  obcecado  estás. 

¿ern.      Delator,  de  dónde  vienes? 

\iella.    Mátame  si  razón  tienes 

pero  no  me  insultes  más! 
Si  yo  salvar  he  querido 
á  un  extranjero  indefenso 
de  tu  venganza,  no  pienso 
que  un  crimen  he  cometido! 


—  77  - 

Un  juramento  sagrado 

ha  exigido  mi  secreto. 
Fern.      ¿Será  tu  amante  discreto 

á  la  fe  que  te  ha  jurado? 

¿crees  que  te  tendrá  amor 

aunque  artero  te  lo  diga? 

¿crees  tú  que  acaso  obliga 

lo  que  se  ofrece  á  un  traidor? 

Nuestro  secreto  vendido 

se  aprestará  á  la  venganza, 

y  si  en  ciega  confianza 

nuestro  pueblo  inadvertido 

hoy  ataca  á  sus  tiranos, 

por  tu  infame  delación 

manchará  tu  corazón 

la  sangre  de  tus  hermanos! 
Nella.    Oh!  qué  he  hecho  yo!  (Aterrada.) 
Nasoni.  ¡Tal  vez  sea 

tiempo  de  avisarlos! 
Fern.  Ya 

es  tarde!  Mejor  será 

sucumbir  en  la  pelea, 

dando  honrosa  sepultura 

al  que  con  nosotros  vaya, 

que  encontrar  en  nuestra  playa 

muerte  afrentosa  y  segura. 
Nella.    Yo  quiero  morir  contigo! 

FERN-         ¡Huye!  (Rechazándola.) 

Nella.  ¿No  ves  mi  tormento? 

Fern.      Tu  eterno  remordimiento 

será  mi  mejor  castigo: 
Nella.     ¡Piedad! 
Nasoni.  Fernando! 

Fern.  Ellos  son! 

(Rumor  por  la  derecha.) 

Nella.     Oh  Dios!  (Aterrada.) 
Fern.  Por  tí  á  morir  van. 

Nella.     Ah! 

Fern.  Pero  antes  lanzarán  (Fuera  de  sí.) 

sobre  tí  su  maldición. 

(Entran  por  la  derecha  todos    los    pescadores    y    !as 
mujeres    del  pueblo  disfrazadas    con    capuchones    de 


—  78  — 

marineros  en  ademan  receloso  y  con  misterio  y  agi- 
tación: Nolla  se  retira  temblando  á  la  izquierda^ 
Nasoni  permanece  á  su  lado;  Fernando  se  queda  en 
medio  de  la  escena:  anochece.) 


ESCENA  XIIL 

NELLA,  FERNANDO,   NASOM,    PESCADORAS   y    PESCADORES. 
MÚSICA. 

Todos.  Fernando,  es  la  hora.  (En  voz  baja.) 

Fern.  Venid! 

Nella.  Áh! 

Fern.  Llegad! 

Nasoni.  Ya  cierran  las  puertas. 

(Señalando  á  las  del  palacio,  que  se   cierran  despue 
de  retirar  los  centinelas.) 

Todos.  Silencio! 

(Repartiéndose  por  la  escena  para  observar  ) 
NELLA.  Piedad!  (Suplicante  á  Fernando,) 

Fern.  Salvando  á  tu  amante 

la  muerte  nos  das, 
no  habrá  en  nuestros  pechos 
perdón  ni  piedad. 

UNOS.  Ya  tiende  la  noche  (Volviendo  á  reunirse. 

su  negro  cendal. 
Otros.  La  hoguera  del  Etna 

no  da  la  señal. 
Fern.  Venid  á  mi  lado, 

OÍd,  eSCUChad.   (Todos  le  rodean.) 
NELLA<  Piedad!  (Arrojándose  á  sus  pies.) 


Fekn. 


Nella, 

Todos. 
Fern. 


Esta  mujer  infame 
que  llora  así  á  mis  pies, 
es  la  culpable  amante 
del  hijo  del  virey. 

NO  tal.  (Levantándose.) 

Oh  Dios!  es  Nella.  (Reconociéndola.) 

Y  por  salverle  audaz 
vendiéndonos  á  todos 
ha  dicho  nuestro  plan. 


—  79  - 
Todos.  Perdidos  estamos 

(Queriendo  huir  aterrados.) 

Ffrn.  Ya  no  hay  que  cejar,  (Deteniéndolos.) 

al  menos  sepamos 
morir  y  matar. 

CORO    DE  HOMBRES.   (Dirigiéndose    en    ademan  amenazado! 
Nella.) 

Sobre  tu  frente  impura 
hoy  Dios  hará  caer 
la  sangre  que  á  torrentes 
aquí  se  va  á  verter. 


CORO  DE  MUJERES.  (Adelantándose  solas  hacia  Nell 

El  llanto  de  las  madres 

caerá  sin  compasión 

quemando  para  siempre 

tu  infame  corazón. 

Nella. 

Piedad,  yo  no  he  querido 

_  haceros  hoy  traición, 

y  guarda  un  juramento 

mi  horrible  delación. 

Feks. 

Atrás,  deja  que  mueran 

al  menos  con  valor 

aquellos  que  hoy  entregas 

al  hierro  matador. 

Á  UN  TIEMPO. 

Fewn. 

Atrás,  etc. 

Nella. 

Piedad,  etc. 

Nasoni. 

Piedad,  etc. 

Mujs. 

El  llanto,  etc. 

ÜOMBS. 

Sobre  tu  frente,  etc. 

(Sigue  la  música  en  la  orquesta.) 

HABLADO. 

Fer5. 

Aparta. 

Nasom. 

Ruido  de  remos. 

—  8U  - 
Fern.      Nos  cercarán  por  el  mar! 

(Nella  corre  á  los    pilares   del  foro  y  mira    al    mar  es- 


condiéndose.) 

Nasoni. 

No  podemos  escapar. 

Fern. 

Oh!  caros  nos  venderemos! 

Nella. 

(Ellos  son!  ya  nada  espero; 
mar  que  te  llevas  mi  alma, 
déjame  cumplir  en  calma 
mi  sacrificio  postrero.) 

(Bajando  con  rapidez  al  proscenio.) 

Fernando,  me  has  acusado 
de  traición,  me  has  ofendido... 
■  yo  te  perdono  y  olvido 
el  daño  que  me  has  causado! 

Fern. 

Qué  quieres  decir? 

Nella. 

¡Que  juro 
que  vuestro  enemigo  ignora 
vuestro  proyecto,  y  que  ahora 
es  vuestro  triunfo  seguro! 

Fern. 

(ap.  á  Nella.)  (Huye...  yo  leseguiré.) 

Nella. 

Nada  sabe. 

Fern. 

Tú  quizás 
con  él  te  reunirás... 

Nella. 

Nunca! 

Fern. 

Muerte  le  daré. 

Nella. 

Cuando  yo  á  tu  lado  estoy 
y  él  con  otra  huye  de  aquí, 
¿no  comprendes  que  ya  en  mí 
su  recuerdo  muere  hoy? 

Fern. 

Ah!  perdón!)  Venid  acá...  (Á  ios  pescado 
he  sido  un  loco.— Creia 
sinrazón  que  nos  vendía. 

•es.) 

Na  son  i 

El  monte  apagado  está. 

Fern. 

No  esperáis  inútilmente. 

Nella. 

Qué  lejos  van...  muerta  soy.. . 
Irá  con  ella! 

Isabel. 

(Saliendo  del  palacio.)  Aquí  estoy... 

..;.: 

81  — 


ESCENA  XIV. 

DICHOS,  ISABEL,  por  el  palacio. 

Nella.    Ah!... 

Isabel.  Se  salvó! 

Fern.  Era  inocente!... 

Isabel.    Sólo  tengo  tu  amistad... 

pues  mi  dicha  perdí  entera!... 

LAS  DOS.  ¡AdiOS!  (Mirando  al  mar.) 


MUSIDA- 

En  este  momento  se  ve  brillar  la  hoguera  en  la  cima  del  Etna  en 

lontananza. — Cruza  á  lo  lejos  por  el  mar  una  barca,  en  la  que 

figuran  ir  Carlos  y  Colona.) 


Fern. 
Todos. 
Nella. 
Las  dos. 
Todos. 


La  hoguera] 


La  hoguera! 

Ah!... 
Sicilia  y  libertad! 
Sicilia  y  libertad! 

(Al  ver  la  hoguera  todos  los  pescadores  sacan  sus  ar- 
mas; las  mujeres  echan  atrás  las  capuchas  y  desen- 
vainan  sus  puñales;  al  primer  grito  de  Fernando,  el 
pueblo  invade  la  escena  con  hachones  encendidos,  en- 
tusiasmo general:  cae  el  telón.) 


FIN  DE  LA  ZARZUELA 


cenicienta. 

a. 

3l  almadreno. 

[el  vicio. 
)s  de  viento. 

de  Ccrrelargo. 

oro. 

regimiento, 
le  mi  mujer, 
ijos. 
adres. 
1  Rey  Rene. 

IJOS. 

de  Muríllo. 
fea. 

za  de  Calaña, 
esila. 

de  la  vida. 
cGaran. 
in  piloto. 
s. 

en  el  campamento,  6 
e  África. 

)S. 

eros  de  la  niebla, 
do  matrimonio.      - 
le  Babel. 
él  gallo, 
lüdiencia. 
alba  ¡a. 
limada. 
ios  (refundida.) 

o. 

fl¡  sobrina 

■rLano. 

laria 

H8J8. 

vista  de  pajar  o. 

f  hojuelas. 

le  Polonia . 

,a  Emparedada. 


Miserias  de  aldea 

Mi  mujer  y  el  primo. 

Negro  y  Blanco. 

Ninguno  se  entiende,  ó  un  hom- 
nre  tímido. 

Nobleza  contra  noble/a. 

No  es  todo  oro  lo  que  reluce. 

No  lo  quiero  saher. 

Nativa. 

Olimpia. 

Propósit    de  enmienda. 

Pescar  á  rio  revuelto. 

Por  ella  y  por  él. 

Para  beridas  las  de  honor,  ó   el 
desagravio  del  Cid.  ,  i 

Por  la  puerta  del  jardín. 
Poderoso  cabal  leí  o  es  1).  Dinero. 
Pecados  veniales  .     *  ¡ 

Premio  y  castigo,  ó  la  conquis- 
ta de  Honda.  ¡ 
Por  una  pensión. 
Para  dos  perdices,  dos. 
Préstamos  sobre  la  honra. 
Para  mentir  las  mujeres. 
¡Que  convido  al  Coronel.',.. 
Quien  mucho  abarca. 
¡Qué  suerte  la  mia! 
¿Quién  es  el  autor?                         ] 
¿Quién  es  el  padre? 
Eebeca. 
Ribal  y  amigo. 

Rosita.   .  j 

Su  imagen. 
Se  salvó  el  honor. 
Santo  y  peana. 

San  Isidro  (Patrón  de  Madrid.) 
Sueños  de  amor  y  ambición.         ; 
Sin  prueha  plena. 
Sobresaltos  de  un  marido. 
Si  la  muía  fuera  buena. 
Tales  padres,  tales  hijos. 
Traidor,  inconfeso  y  mártir. 


Tíhbjai  por  cuenta  ajeua 

Tod  unos. 

Torbellino. 

Unamor  á  la  moda. 

lina  conjur  ación  femenina. 

Un  dómine   como  hay  poros 

Un  pollito  en  calzas  prietas. 

Un  huésped  del  otro  mundo. 

Una  venganza  leal. 

Una  ((infidencia  alíahclica. 

Una  noche  en  blanco. 

Uno  de  tantos. 

Un  marido  en  eusrtc. 

Una  lección  reservada. 

Ii n  marido  s  ustulo. 

Una  equivocación. 

Un  relratro  á  quema repa 

¡Un  Tiberio! 

Un  loho  y  una  raposa. 

Una  renta  vitalicia. . 

Una  llave  y  un  sombrero. 

Una  mentira  inocente. 

Una  mujer  misteriosa. 

Una  lección  decolle. 

Una  falla. 

Un  paje  y  un  caballero 

Un  si  V  un  no. 

Una  lágrima  y  un  beso. 

Una  lección  de  mundo. 

Una  mujer  de  historia. 

Una  herencia  completa. 

Un  hombre  fino. 

Una  poetisa  y  su  marido. 

¡Un  regicida! 

Un  marido  cogido  por  los  v,ú>e- 

líos. 
Un  estudiante  novel. 
Un  homhrc  del  siglo. 
Un  viejo  pollo. 
\er  y  no  ver. 
Zamarrilla,  ó  los  bandidos  de  la 

Serranía  de  Ronda. 


ZABZUELAS. 


Me  doro 

buena  ley. 
s  feo. 

cuchilladas 
la  Gitana. 
Marte.         • 
ora. 
ido. 
quita. 

uto,  ó  el  Alcalde  pi- 
al. 


le  una  ópera, 
r  la  maja. 
!I  hortelano, 
en  Marruecos, 
la  ratonera. 
'  carnaval . 
Irania  lírico.) 
m ela  Ríoja  (Mfaica .) 
.  ao  Letoneres,  i 

i  escape, 
español. 

feliz. 

danco.  j 

nono.  ! 

líelo  de  un  pollo  i 

y  Valdcmoro. 
mo...  ¡animall 
la  calle  Mayor, 
del   oro. 


El  mundo  nuevo 

El  hijo  de  !>.  José. 

Entre  mi  mujer  y  el  primo. 

El  noveno  mandamiento. 

El  juicio  final. 

El  gorro  negro. 

El  hijo  del  Eavapies. 

El  amor  por  los  cabellos. 

El  mtndo. 

El  Paraíso  en  Madrid. 

El  elixir  de  amor. 

El  sueño  del  pescador. 

Giralda. 

Ilarrv  el  Diahlo; 

.'uan  Lanas.  [Música.) 

Jacinto 

la  litera  del  Oidor. 

ha  noche  de  ánimas. 

La  familia  nerviosa,  ó  el  suegro 

ómnibus 
Las  bodas  de  Juanita.  (Música.) 
Los  dos  flamantes. 
La  modista. 
La  colegiala. 
Los  conspiradores. 
La  espada  de  Bernardo. 
La  hija  de  !a  Providencia. 
La  roca  nc  gra  , 

La  estatua  encantada. 
Losjmiinos  del  Buen  retiro. 
Loco  de  amor  y  en,  la  corte. 
La  venía  encantada. 
La  lora  de  amor, ó  las  prisiones 

de  Edimburgo. 


La  Jardinera.  [Músicas 

La  toma  dcTetuan. 

La  cruz  del  valle. 

La  cruz  de  los  Humeros. 

La  Pastora  déla  Alcarria. 

l,i  herederos. 

La  pupila- 

Los  uceados  capitales. 

La  gitanilla. 

La  artista. 

La  casa  roja. 

Los  piratas. 

La  señora  del  sombrero. 

La  mina  de  oro. 

Maleo  y  Matea. 

Morelo.  (Música. 1 

Mati'de  y  Malch-Adhel. 

Nadie  se  muere  hasta  que   Dics 

uniere. 
Nadie  toque  A  la  Reina. 
Pedro  y  Catalina. 
Por  sorpresa. 
Por  amor  al  prójimo 
Peiuquere  y  marqués . " 
Pablo  y  Virginia. 
Retrato  y  original. 
Tal  para  cual. 
Un  primo. 

Una  guerra  de  familia. 
Un  cocinero. 
Un  sohrino. 

Un  rival  del  otro  mundo. 
Un  marido  por  apuesta 
Un  qninto  y  un  sustituto 


PUNTOS  DE  VENTA  Y  COMISIONADOS  PRINCIPALES. 


PROVINCIAS. 


Albacete. 

4  le  ala  de  Henares, 

Alcoy. 

Algeciras. 

Alicante. 

Almagre 

Almería. 

Andújar. 

Antequera. 

Aranjuez. 

Avila. 

Aviles. 

Badajoz. 

Baeza. 

Barbastro 

Barcelon'a. 

Bejar. 

Bilbao, 

Burgos. 

Cabra* 

Cacares. 

Cádiz. 

Calatayud. 

Canarias. 

Car  mona. 

Carolina. 

Cartagena. 

Castellón. 

Castrourdialet. 

Ceuta. 

Ciudad-Real. 

Córdoba. 

Coruña. 

Cuenca. 

Ecija. 

Ferrol. 

Figueraa. 

Gerona. 

Gijon. 

Granada. 

Guadalajara 

Habana. 

fiar  o. 

Huelva. 

Huesca. 

Trun. 

Játiva. 

Jerez. 

León. 

Lérida. 

Linares. 

■Logroño 

Lorca. 


R.  S.  Pérez 

Z.  Bermejo. 

J.  Marti. 

R.  Muro. 

J.Gossart. 

A.  Vicente  Pérez. 

¡VI.  Alvarez. 

A.  Casas. 

j.  A.  de  Taima. 

j.  Gulioii. 

S.  López. 

M.  Romaa  Alvarez. 

F.  Coronado. 
J.  R.  Segura. 

G.  Corrales. 

vnida  de  Bartumcus  y 

Cerda. 
J   Genova. 

E.  Dehnns. 

T.  Arnaiz  y  A.  Hervías. 

B.  Montoya. 
II.  tí  Pérez, 
Verdugo  y  Compañía. 

F.  Molina. 

F.  Maria  Poggi,  de  Santa 

Cruz  de  Tenerife. 
I,  M.  Eguiluz. 

E.  Torres. 

A.  Mellado  y  Orcajada 

J.  M.  de  Soto. 

L.  Ocharán. 

M.  García  de  la  Torre. 

P.  Acosta. 

C  Barbenni,  y  M.  García 

Lo verá. 
J.  Lago. 
M.  Mariana. 
J.Giuli. 
N,  Taxonera. 
M.  Alegret. 

F.  Dorca. 
Crespo  y  Cruz. 

J.  M.  Faensalida  y  Viuda 

ó  Mijos  de  Zamora.- 
R.  Oñana. 
N.  Ceballos. 
P  Quintana. 
5.  P.  Osorno. 
rt.  Guillen. 
R.  Martínez. 
J.  Pérez  Fluixá. 
?.  Alvarez  de  Sevilla. 
Miñón  Hermano. 
J.So!  é  hijo. 
J.  Orellana  y  Sánchez. 
P.Brieba. 
A.  Gómez. 


Lucena. 
Lugo. 
Manon. 
Malaga. 

Manila  (Filipinas). 

Mataré. 

Mondoñedo. 

Mantilla. 

Murcia. 

Ocaña. 

Orense. 

Orihuela. 

Osuna. 

Oviedo. 

Patencia . 

Palma  de  Mallorca. 

Pamplona. 

Pontevedra. 

Priego  (Córdoba. I 

Puerto  de  Sta.  Maria. 

Puerto-Meo 

Requena. 

Reus. 

Rioseco. 

Ronda. 

Salamanca. 

San  Fernando. 

S.  Ildefonso(La.  Granja) 

Sanlúcar. 

San  Sebustian. 

S.  Lorenzo.  (Escorial.) 

Santander. 

Santiago. 

Segovia. 

Sevilla. 

Soria. 

Talavera  de  la  Reina. 

Tarazona  de  Aragón. 

Tarragona. 

Teruel. 

Toledo. 

Toro. 

Trujillo. 

tudela . 

Tur. 

Ubeda. 
Valencia. 

Valladolid. 

Vich. 

Vigo. 

nilanueva    y  Geltrú. 

Vitoria. 

Zafra. 

Zamora. 

Zaragoza. 


J.  B.  Cabezas. 
Viuda  de  Pujol. 
P.  Vincnt. 
J.  G.  laboadela  y  r. 

Moya. 
M.  Planas. 
N.  Clavell. 
Viuda  de  Delgado. 

D,  Santolalla. 
T.  Guerra  y   Hereder 

de  Andrion. 
v.Calvillo. 
•í.  Ramón  Pérez. 
J.  Martínez  Alvarez. 
V,  Montero. 
J.  Martínez. 
Peralta  v  Menendez. 
P.J.Gelábert, 
S.  Ríos. 
J.  Buceta  Solía  y  Coirp 
I.  de  la  Gámara. 
P.  A.  Rafoso. 
J.Hcstre,  de  Mayagücz 

C.  García. 
J.  Prius: 

M.  Prádanos. 
Viuda  de  Gutiérrez, 
R.  Huebra. 
J.  Gay¿ 
J.  Aldrete. 
|.  de  Oña. 

A.  uar raída 
S.  Herrero.* 
C.  Medina. 

B.  Escribano. 
L.  M.  Salcedo. 

F.  Alvarez  y  Comp. 

F.  Pérez  Rioja. 

A.Sanchez  de  Castro. 

P.  Veraton. 

V.Font. 

F.  Baquedano. 

.1.  Hernández. 

L.  Población. 

A.  Herranz. 

M.  Izalzu. 

E.  Cruz  Hermanos. 
T.  Pérez. 

I,  García,  F.  Navarro  y 
Mariana  y  Sanz. 

D.  Jover  y  II.  de  Rodrigo 
Soler,  Hermanos. 
M.  Fernandez  Dios.    - 
L.Creus. 
J.  Oquendo. 
A.  Oguet. 
V.  Fuertes. 
L   üucassi,  S.  Comin 

Comp.  y  V.  de  Heredia 


MADRID. 

Librerías  de  la  Viuda  é  Hijos  de  Cuesta,  y  de  Moya  y  Plaza,  cali 
de  Carretas;  de  A.  Duran,  Carrera  de  San  Gerónimo;  de  L.  López,  calí 
del  Carmen,  y  de  M.  Escribano,  calle  del  Príncipe.